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Tortilla de campo

Chile sobre la mesa

Tortilla de campo


En las sociedades desde tiempos inmemoriales, ha habido elementos de consumo doméstico que se han convertido íncluso en objetos de culto e indiscutiblemente el pan es su mejor representante. Una hogaza de este alimento es sinónimo de fe, de esperanza y por qué no decirlo; de humanidad.
En la mesa Jesús lo compartió con sus discípulos, reyes, emperadores y mendigos lo disfrutaron en sus paladares, independiente cuales sean las creencias o situación socio económica, el gesto de extender la mano con un trozo de pan a otro, representa un acto primigenio de desprendimiento, generosidad y bondad. La humanidad se ha desarrollado creciendo al lado de este alimento básico, en algunas culturas se prepara con otros compuestos de origen vegetal muy distintos a los que conocemos comúnmente en nuestra sociedad actual. Pero el concepto en su esencia más profunda, es el mismo.
Los ingredientes son simples tanto o más que las herramientas que se utilizan para su preparación. Caminábamos por un sendero en un lugar que no viene al caso mencionar, cuando tras una curva nos encontramos con una anciana buscando leña, sin más nos invitó a degustar lo que estaba por preparar.
No hablamos mucho, sólo fuimos testigos de un sencillo espectáculo cotidiano. Harina, una mesa coja, agua cristalina de pozo, sal y toda el alma de una mujer generosa.





Pacientemente la observamos amasar y ni bien nos acomodábamos cuando nos invitó a pasar al rincón donde el “horno” -un tambor ennegrecido por el tizne de muchos panes cocinados en él-, ya estaba a punto con la temperatura adecuada para hornear este preciado símbolo de humildad y humanidad.
La masa que ya era plana y circular de al menos unos 30 o 40 centímetros de diámetro fue depositada en el fondo de este horno artesanal, sin timer, sin luz de encendido ni control de calor, nuestra amiga tapa con una lata el tambor y coloca ramas secas las que enciende para dar calor desde arriba y abajo dando con ello un bronceado perfecto y delicado a su producto.
Minutos más tarde, el aroma a pan caliente corría por el aire como una idea o un pensamiento, que incita a recordar mil eventos pasados. La sencilla invitación a probar el pan se convierte en mucho más, un plato de cazuela de gallina, jugo y bueno… la tortilla de campo.

Cosas simples, actos simples, maravillosas experiencias.


Texto y fotografía: César Jopia Q.
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