BIOEVAPORITAS,

condominios microbianos

 

Entramos en un mundo diferente, uno en que realmente todo lo que parece no es, estamos en pleno desierto de Atacama, los espejismos a la distancia confunden a quien muere de sed.

En remotas épocas muchos fueron engañados por estas visiones de agua en el desierto más seco del planeta, pero agua hay… no obstante, sigue siendo un gran artilugio cruel de la naturaleza para hacer de estas tierras tan inhóspitas como sea posible, son aguas cuatro veces más saladas que las aguas del lejano Océano Pacífico, pero este basto paraje de tierra yerta de Atacama tiene mucha vida que gira en torno a estos agresivos hábitats salinos.

Algunos salares son ricos en avifauna, herpetofauna, entomofauna incluso algunos pueden llegar a tener ictiofauna, pero sobre todo estos extraordinarios nichos de vida fueron y son verdaderos masivos condominios de vida microbiana, tal vez parte de los pilares de la vida en la Tierra.

Cada salar contiene una serie de elementos que conforman su riqueza biótica, además de su sobrecogedora belleza extraplanetaria y que, claro está, cumplen roles vitales en la conjugación del concepto hábitats para formas de vida extremas, uno de estos elementos son las bioevaporitas.

Pero, ¿Qué son las evaporitas?

“Son rocas sedimentarias a las que se les denomina evaporitas, que se forman por la cristalización de las sales disueltas en los cuerpos de agua de alta concentración y que son sometidos a intensos procesos de evaporación”. 

Por tanto, una evaporita al estar en permanente contacto con el agua como la de estas formación lacustre antigua del salar de Llamara, genera la formación de comunidades microbianas que crean estratos de distintos colores, desde la superficie hacia el interior y eventualmente podrían influir en la construcción de estos verdaderos domos habitacionales, inspirando con lo anterior a ser denominadas como BIO evaporitas.

Algunas de estas albinas estructuras llegan a medir hasta 50 centímetros de alto y 1 metro de diámetro, conformando solitarias micro islas en aguas hipersalinas, que vistas desde la distancia conforman un paisaje mítico y desconocido, estas y presentes tanto en el Salar de Llamara como el las lagunas del Salar de Atacama.

 

 

Estas arcaicas bellezas, están compuestas esencialmente por halita (NaCI de la familia de los cloruros), anhidrita (CaSO4 de la familia de los Sulfatos) y yeso (CaSO4,2H2O también de la familia de los Sulfatos), aunque se han detectado numerosos tipos de minerales evaporíticos entre su composición, como algunos de la familia de los Carbonatos, de los Boratos y finalmente de los Nitratos.

El ritmo de la evaporación es importante para la formación de las evaporitas, dado que este no debe ser inferior al ritmo del aporte del agua, es decir que debe evaporar más rápido que la cantidad de agua que llega.

Al observar estos ambientes extremos, no es difícil trasladarse imaginariamente a las condiciones bioclimáticas de un planeta primitivo o primigenio, un verdadero símil de los que más que probablemente puedan existir en exoplanetas, más allá de nuestro sistema solar, en Marte se ha hallado evidencia de la existencia de arcaicos cuerpos de agua que tras su desaparición dejaron afloramientos de roca muy parecidos a estos que vemos hoy en la basta e interminable Pampa del Tamarugal.

Este tipo de formaciones se pueden encontrar en casi todo el registro geológico, desde el periodo del Precámbrico, a pesar de que son más comunes en las diversas sucesiones del Fanerozoico, no obstante tienen una presencia importante en Cámbrico tardío, en el periodo del Pérmico, como también en Jurásico y el Mioceno.

Un dato extraordinario de las evaporitas es que geológicamente no se tardan en formarse, por ejemplo, las evaporitas Mesinianas que se encuentran en el Mediterráneo (pertenecientes al Mioceno tardío) tienen un registro de dos kilómetros y se depositaron en alrededor de unos 200.000 años.

Agradecimientos a Conaf

Reserva Nacional Pampa del Tamarugal

 

       

Revista BIOMA 2020 

 

 

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