EUROPA EN 28 mm

Degas dijo, “no es lo que ves, sino lo que haces ver a los demás” y se refería al arte.

 

El blanco y negro es una expresión artística con un alma minimalista, donde la luz y la sombra se confabulan en una atracción encantadora de diáfana sencillez que simplemente cautiva, más que una imagen en color, puede absorber la mirada como robando el aliento, con el binomio de colores que seduce a indagar en su intención, en su porqué más profundo.

La carencia de color en la fotografía, no va en desmedro de su fuerza y energía que se desborda por la retina, es el blanco por ejemplo, un sinónimo de profunda paz, quietud, vacío y pureza. El negro por el contrario rasguña lo desconocido y hasta lo peligroso pero que trae elegancia y tienta a la imaginación con su poder místico y soberbio.

En este viaje, donde el contraste tonal fluye sobre las escenas retratadas, se comprende la sensibilidad de la vida, las sensaciones que a diario esta nos entrega, como la contemplación, el tiempo, las cavilaciones, los volátiles pensamientos que nos invaden en la soledad cuando se deambula buscando imágenes. Así también la perspectiva de las experiencias que juntas dan delicadas señales de cómo debemos ver el entorno y cómo el entorno nos ve a nosotros, somos parte de ese escenario, una escalera, un arco de medio punto, un contraluz, una silueta en una solitaria calle, una ligera niebla que se disipa en el plano visual, etc.

Es lo que salimos a buscar en anónimas calles y rincones del viejo continente, una percepción fantástica del mundo real en que nos desenvolvemos, eso es lo que una imagen monotonal nos puede aportar, algo que está más allá de nuestro entendimiento policromo del hábitat, por ello una fotografía en blanco y negro es en parte una manifestación onírica paralela, que está ahí frente a nosotros pero no necesariamente la vemos, las sombras ocultan cosas, ocultan información que ni el rango dinámico puede mostrar, y así debe quedar para que la imagen quede y se mantenga mágica, cautivadora, misteriosa, atemporal.

Encausamos siempre nuestros esfuerzos en mantenernos despiertos, en ganarse la vida, en recibir recompensas materiales y engalanarse con ellas, no obstante el propósito de la vida no es ese, una imagen con sólo dos componentes de color, nos da un obsequio con sólo mirarla, y es que da un mensaje de que hay más, siempre hay más para soñar, para descubrir, para imaginar, para inventar y crear. Que no debemos perder la capacidad de asombro por lo sublimemente simple, lo extraordinariamente básico, por lo increíblemente cotidiano, ahí está el secreto de la fotografía en blanco y negro.

Cuando las horas transcurren, la luz se transforma, muta en sí misma, generando nuevos ámbitos o espacios incógnitos que conforman la imagen final, ese delicado momento conjugado con una equilibrada composición, crean estas escenas oníricas que respiran y palpitan ante nosotros en realidades paralelas, pero realidades al fin.  

Fotografías Erick Alarcón Bruna

Revista BIOMA 2020
 

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