Pingüino Rey en Tierra del Fuego



Como cada verano, decidimos junto a un grupo de amigos “mochilear” por alguno de los diversos paisajes que ofrece nuestro país. Acordamos viajar al extremo sur y aventurarnos por Tierra del fuego, territorio insular que compartimos con Argentina. Luego de cruzar el Estrecho de Magallanes iniciamos el recorrido por la isla. La parte norte esta conformada por extensas pampas, las cuales se contraponen con el sur, donde se aprecian tupidos bosques y vastos lagos. El objetivo era conocer lo máximo posible, para llevar a cabo esto nos trasladamos “a dedo”, práctica que más de una vez nos dejó botados durante largas horas, mientras grupos de guanacos (Lama guanicoe) nos observaban con curiosidad. Entre los personajes que nos llevaron existía un secreto a voces, todos coincidían en que debíamos conocer la colonia de pingüinos que se había instalado en el sector de Bahía Inútil, aseguraban que se encontraban muy cercanos al camino, disfrutando del “agradable clima” que les proporcionaba la Isla Grande. Al llegar al lugar, abandonamos las mochilas y nos dedicamos a caminar entre los coirones (Festuca gracillima), de pronto, en medio de la nada, nos encontramos con unos simpáticos especímenes de unos 90 cm. de alto, descansando al sol y sorteando el viento. Era una colonia de aproximadamente treinta pingüinos rey (Aptenodytes patagonicus), los cuales se encontraban cómodamente asentados en pleno pastizal. 

El pingüino rey es una especie de hábitat pelágico, es decir, vive en el mar lejos de la costa, la excepción a esto es la época reproductiva. La hembra coloca un único huevo en un nido que consiste en una simple depresión en el suelo, luego de 54 días de incubación emerge el polluelo. Inicialmente las crías dependen de los padres, los cuales se turnan para ir en búsqueda de peces, luego quedan en “guarderías de pingüinos” mientras ambos van a alimentarse al océano. Aproximadamente al año de edad pueden valerse por si mismos e ir por alimento al mar, su dieta consiste casi exclusivamente en peces, pocas veces incluye calamares y crustáceos.
Actualmente este lugar fue convertido en un parque con fines conservacionistas y de turismo sustentable, un aporte considerando que varios de los conocedores del secreto incluso habían abrazado pingüinos durante su estadía. Como siempre se debe destacar el respeto a la naturaleza ante todo.
Perdí la noción del tiempo observando las peculiaridades de su comportamiento, como se inclinaban para echarse y lo mucho que les costaba ponerse de pie, como elongaban cual bostezo y su minucioso acicalado. Encontrarse en los confines del mundo, tumbada en el pasto seco, sintiendo el viento fresco en la cara y en la mejor compañía posible, fue la definición de felicidad. 

 

Enlace de interés  www.pinguinorey.com 

Para Revista BIOMA
Texto: Patricia Vega.
Fotografías: Patricia Vega / Médico Veterinario / patricia.vega.garrido@gmail.com
María José Juricic / Licenciada en Medicina Veterinaria.

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