CARPINTERITO, verdaderos cabeza dura

Según una definición del lenguaje común de las locuciones verbales de nuestro día a día un “cabeza dura” es una persona que le cuesta comprender las cosas, argumentos o situaciones que se le presentan en frente, un verdadero testarudo.

Pero ciertamente eso está un poco lejos, o bastante lejos de nuestro personaje al cual hemos dedicado la portada de la edición de este mes. Hablamos, en este caso, de un ave que pertenece a la familia de los Piciformes, específicamente el Veniliornis lignarius el Carpinterito.

Claro, los carpinteros, de alguna manera son reales “testaferros” pero no porque no entiendan algo que se les dice o les guste llevar la contraria, no es por eso, al contrario, son bastante inteligentes y con capacidades únicas e inigualables por otras especies.

Su habilidad especial y particularidad física radica en la estructura ósea craneal, al momento de conseguir su alimento (insectos y gusanos), ojalá todos hallan tenido la oportunidad de oír su frenético y laborioso trabajo para obtener su comida. ¿Te imaginas que para comer tengas que dar de cabezazos a un tronco?, bueno esa es la vida cotidiana de los carpinteritos, más de 20 golpes por segundo, en alucinantes series de ráfagas sostenidas por varios segundos con deceleraciones de hasta 1500 g (dependiendo de la especie), un humano ante eso tendría que, a la primera sesión de búsqueda de comida, ir de inmediato a urgencia por daño cerebral severo y quien sabe que más.

Para poner el tema de los golpes en perspectiva, 1500 ges de aceleración es una real brutalidad si se pone en el contexto humano, es decir, imagina un boxeador de clase olímpica, peso pluma o peso pesado de los más profesionales que te puedas imaginar, un “Mano de piedra” por ejemplo, un combo enguantado de él directo a nuestras narices medido en libras por pulgada cuadrada bordea un rango entre casi 500 a un poco más de 1000 libras, o sea unos 200 a casi 500 kilos de fuerza por golpe a razón de unos 11,4 milisegundos. Suficiente como para que te manden directo al hospital por un certero Knockout.

No obstante, lo devastador del golpe son sólo unos 53 g, ni cerca a los 1500 g de los carpinteros, toda una locura natural. Aun así, estamos hablando de la fuerza G de un solo golpe, no más, como la patada a una pelota de futbol propinada por el mismo “Vidal” esta bordea los 300 g o como un Bate de béisbol que lanza la bola a razón de unos 3000 g pero, es un sólo golpe.

En definitiva, el carpintero nos supera por lejos, y en ese sentido la madre naturaleza y la evolución han hecho lo suyo, así como adaptó el cuello de la jirafa o el pico del picaflor, al Carpinterito y sus parientes les dio un cráneo que disipa la energía del impacto, con poco líquido cerebroespinal, con una amalgama perfecta entre el cráneo y el encéfalo, manteniendo el conjunto estabilizado durante los constantes impactos. Y en lo que respecta al cráneo, este es una maravilla también, está compuesto por una suerte de placas óseas con uniones muy flexibles cuya función es absorber energía y como los vehículos de prueba para impactos el cráneo tiene además un hueso llamado hioideo, que cubre prácticamente toda la cabeza del ave como si fuera un cinturón de seguridad desde la mandíbula, además de músculos y ligamentos que mantienen todo firmemente sujeto desde el pico y la mandíbula hasta el cuello. 

 

Y como si fuera poco para toda esta maravilla de la ingeniería natural, también el carpinterito adaptó sus patas con garras tanto en la postura como en fuerza, esta maquina de hacer hoyos queda puesta paralelamente a los troncos verticales como si se tratara del suelo en horizontal, para quedar alineado perpendicularmente con el pico para dar los reiterados golpes que requiere para sacar a su presa de la oscuridad, a esto también se suma el plumaje de su cola que al final lo usa (además de timón para el vuelo) como para lograr una posición tripoidal, que le permite canalizar la energía de los impactos que vienen desde la cabeza dirigiéndolos hacia sus patas y cola de una manera determinada, que lo mantiene firme y estable.

Pero esto no para aquí, sí… hay más, el carpinterito no necesita de asesorías de un Prevencionista de Riesgos, puesto que usa todo lo necesario para protegerse, cuando el ave inicia la faena de perforación, milésimas de segundo antes protege sus globos oculares con una membrana nictitante semitransparente como si fueran antiparras, evitando que detritos de la madera picada salten e impacten como esquirlas de una bomba en sus ojos, mientras que sus fosas nasales, aunque pequeñas, también tienen finas plumas que lo protegen del serrín y el polvo que genera el ruidoso trabajo.

Su pico es una perforadora natural perfecta, con granos de queratina interconectada con suturas onduladas que soportan las fuerzas de compresión. Todo esta equilibrado, su cabeza y pico son perfectamente simétricos como un martillo. Y aquí viene otro dato más impresionante.

Imaginen una secuencia como una ráfaga de fotogramas de una cámara, inicia en el fotograma uno cuando la onda expansiva del impacto arranca en la parte superior del pico, pasa a la parte inferior y de ahí pasa a las fosas nasales, donde es ahí que se produce el clímax del impacto unos 0,6 milisegundos después que toca la madera, esto quiere decir que el ave puede alcanzar los 24 megapascales (unidad de presión que ejerce una fuerza) muy parecido a lo que ocasiona una explosión en proporción de una bomba hecha de fertilizantes nitrogenados.

Conforme nuestro rompe palos se aleja de su objetivo, la sobrepresión se distribuye por el antes mencionado hueso hiodes y desciende rápidamente, es decir que 2 diezmilésimas de segundo posterior a eso ya han bajado a solo 3 megapascales, mientras que la onda expansiva recorre toda la cabeza, dentro del cerebro aquella presión no se siente, puesto que nunca llegará a más de 30 kilopascales, ¡impresionante! ¿no? Es decir, entre cien y casi mil veces menos.

Toda esta energía que es disipada, ciertamente se transforma en calor, por ello se cree que esta especie debe detener sus excavaciones para bajar la temperatura corporal por unos segundos para continuar y volver a buscar alimento en un verdadero desafío a nuestro entendimiento.

Por último, además hay que destacar es un ave con un gran oído, como cuando los osos polares olfatean y sienten a sus presas moverse bajo el hielo, el carpinterito escucha a los gusanos arrastrarse por sus galerías internas y ahí sabe donde perforar… una maravilla de la naturaleza ¿no?.

Revista BIOMA

2022

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