VIDA EN LA PLAYA 

 

El océano cubre más de dos tercios de la superficie del planeta y ocupa un inimaginable y vasto volumen tridimensional del cual una gran parte sigue sin explorar, está claro que sus riquezas nos proveen de alimentos y energía, pero, es importante no olvidar que no es un bien nuestro, le pertenece también a una incontable cantidad de especies, que incluso muchas en sus distintas formas y funciones aportan a la estabilidad climática global.

Chile posee 4.200 kilómetros lineales de borde costero; playas, roqueríos, acantilados, bosques que se descuelgan al mar, etc.

En todos estos biomas la vida se agita y palpita con fuerza, ávida de encontrar en estos rincones un espacio seguro para sus polluelos, un espacio con suficiente alimento para no tener que pelear por el o simplemente un hábitat prístino sólo para descansar las alas, para después emprender viaje, todo lo anterior aplica para las aves nidificantes, migratorias y residentes permanentes, un ecosistema costero debe contener todas estas virtudes para convertirse en “hogar”.

Es cierto que es una apreciación global para cualquier hábitat sobre la faz de la tierra, son virtudes básicas para todo ser vivo, incluyéndonos. Todas las especies viven y orbitan sus lugares predilectos que los proveen no sólo seguridad y alimento, sino que también contiene las condiciones climáticas adecuadas para las cuales la evolución lo ha adaptado de mejor manera.

Nuestras costas como biomas pelágicos son ricos en biodiversidad marina, además de hermosos pero cabe señalar que existen varios sino muchos que requieren urgente atención para su conservación, la lista es larga.

A pesar de ser un país netamente costero, existe mucho desconocimiento respecto a , por ejemplo, las poblaciones de aves playeras y su distribución, dada las fuertes disminuciones registradas con laboriosas observaciones estacionales, como el caso del Playero ártico que ha disminuido en un 80% en Tierra del Fuego incluso desapareciendo totalmente de las grandes bahías de esta isla, o el Zarapito de pico recto el cual también a comenzado a denotar un descenso en su población en esta zona austral insular.

No obstante, esto abre una ventana para despertar el interés, especialmente en las nuevas generaciones por el contenido biológico de los ecosistemas costeros.

Chile tal y como lo conocemos es un variopinto escenario climático y vegetacional de norte a sur, para entender porqué son atractivos estos hábitats para las aves playeras se deben contemplar todos los hitos más importantes para levantar un escenario comprensible, por ejemplo se debe considerar la ecología de las corrientes oceánicas, la biogeografía y el suelo vegetacional.

Estos hitos se pueden categorizar en primera instancia, como todas las aguas someras o de poca profundidad como las lagunas intermareales, los estuarios, los arroyos y por cierto las orillas de los lagos.

Lo siguen las zonas de vegetación baja como las ciénagas, los pastizales de cuerpos de agua, las dunas con vegetación, en esta categoría entran los humedales.

Luego están los planos intermareales que pueden ser arenosos o de lodo. Así pasamos los tres tipos de playa de los que podemos mencionar como “hogar” para las aves playeras.

Una es la playa rocosa, es decir la sonora playa de grava, que suena incansablemente con el vaivén del mar, esta va del nivel del mar hasta la línea de marea alta.

La sigue la playa arenosa la tan deseada en vacaciones, que va desde el nivel del mar hasta donde comienzan las dunas o la vegetación playera.

Por ultimo la playa esturiana, esta se compone de barras arenosas, boca de ríos y playas adyacentes a los estuarios.

La determinación de estos sitios de descanso, de alimentación o nidificación, permite realizar acuciosos estudios de conteo o censo de población y comportamiento de las aves playeras.

 

 

Gracias a estos estudios realizados se puede hablar de alrededor de 52 especies de aves playeras existentes en Chile, que pertenecen a cuatro familias la Charadriidae, la Haematopodidae, Recurvirostridae y la Scolopacidae, de las cuales 19 son especies Neárticas migratorias mientras que el resto, las once son aves Neotropicales.*

¿Pero quienes son estos habitantes de las playas?

Tenemos en Chile una interesante y bella lista, son especies con hábitos distintos en su esencia más intima, viven y viajan, descansan y dan vida a las costas, tienen formas variadas y tamaños distintos, algunas son tímidas y difíciles de observar, otras son comunes y hasta abundantes, pero ninguna de ellas está de sobra en el equilibrio natural de los ecosistemas costeros.

Finalmente, es importante consignar que Chile requiere del establecimiento de programas de protección de estos hitos o santuarios de vida costera, como la creación de más sitios Ramsar o Áreas Importantes para la Conservación de las Aves (AICAS) donde las comunidades costeras pueden agruparse para generar proyectos de conservación y lograr beneficios que se verán recompensados en el futuro, cuando nuestros hijos también puedan admirarse y conocer como lo hicieron una vez los remotos habitantes de la gran isla de Tierra del Fuego, que pudieron ver parvadas de miles de aves playeras danzar sobre las playas lodosas de estas tierras australes, exclamando y describiéndolo así:

“Plumas de humo que se elevan en el aire a lo lejos”

 

Partimos con 30 de las que habitan en los zonas mencionadas, que abarcan desde Arica por el norte hasta el extremo sur de la Isla grande de Chiloé:

Haematopus palliatus (Pilpilén común)

Pluvialis dominica (Chorlo dorado)

Pluvialis squatarola (Chorlo ártico)

Vanellus chilensis (Queltehue común)

Charadrius semipalmatus  (Chorlo semipalmado)

Charadrius vociferus (Chorlo gritón)

Charadrius nivosus  (Chorlo nevado)

Charadrius collaris (Chorlo de collar)

Charadrius modestus (Chorlo chileno)

Charadrius falklandicus (Chorlo de doble collar)

Haematopus leucopodus (Pilpilén austral)

Haematopus palliatus (Pilpilén común)

Haematopus ater (Pilpilén negro)

Himantopus mexicanus (Perrito)

Numenius phaeopus (Zarapito común)

Limosa haemastica (Zarapito de pico recto)

Limosa fedoa (Zarapito moteado, aguja moteada)

Arenaria interpres (Playero vuelve piedras)

Aphriza virgata (Playero de las rompientes)

Calidris canutus (Playero ártico)

Calidris alba (Playero blanco)

Calidris pusilla (Playero Semipalmado)

Calidris minutilla (Playero enano)

Calidris bairdii (Playero de Baird)

Calidris himantopus (Playero de patas largas)

Gallinago paraguaiae (Becacina común)

Phaloropus tricolor (Pollito de mar tricolor)

Actitis macularius (Playero manchado)

Tringa flavipes (Pitotoy chico)

Tringa melanoleuca (Pitotoy grande)

Tringa semipalmata inornatus (Playero grande)

Revista BIOMA

2019

*Fuente: Atlas de las aves playeras de Chile

 

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