Nos encontramos prácticamente en medio de la nada en el pleno desierto de Atacama, buscamos una de las obras de ingeniería más antiguas de Chile, que si bien hoy es parte del listado de la categoría de Monumentos Históricos de nuestro país, es también parte de un triste legado ambiental, que tiene al río Loa respirando sus últimos alientos de vida.

Hablamos del Tranque Sloman, una represa de tipo Hidroeléctrica que en su época fue una visión pionera nacida de la creatividad empresarial de Henry B. Sloman.

Viajamos por la solitaria pero muy transitada ruta 5 norte, esta zona es hoy una vía para todo tipo de contrabando, las bastas llanuras son perfecto camuflaje para el trafico de drogas, especies y cruce de ilegales, no obstante esto no es para nada nuevo, estas tierras yertas han visto pasar culturas por siglos, caravaneros y traperos prehispánicos hicieron de esta, su trayectoria habitual transportando valiosos productos desde las costas hacia las tierras altas.

Por ello, el rol de Río Loa como un “dador y proveedor de vida” era simplemente vital para estos pueblos y así lo fue, porque no decirlo, por milenios.

Sin embargo esto no sería, para variar, por siempre, la irrupción de la minería como actividad económica sin ningún control o previsión se dejó caer en estos extensos paramos nortinos. Sin control, claro está, porque no tenían en aquellos tiempos el concepto de lo que implica un estudio de impacto ambiental y menos respeto por la herencia cultural local, lo únicamente claro era el concepto de explotación de los recursos disponibles, los que por cierto eran adquiridos por miserables sumas de dinero o simplemente usurpados a las comunidades locales.  

Ahora estamos en la comuna de María Elena, a unos 18 kilómetros del poblado de Quillagua, y tras desviarnos de la carretera principal nos aventuramos por un polvoriento camino de tierra, que sin mas preámbulo nos llevo directo al alma del desierto, el otrora magnifico río Loa.

Corría el año 1905 cuando el empresario salitrero que provenía de una familia de navegantes que vivía en Hamburgo, Alemania, se propuso realizar una obra de ingeniería sin precedentes en el curso del río Loa.

Sloman era dueño de las que en aquel entonces eran las prosperas oficinas salitreras de Buena Esperanza, Rica Aventura, Prosperidad, Grutas y Empresa, cuyas instalaciones poseían maquinarias y campamentos para sus trabajadores que obviamente requerían de energía eléctrica.

Mientras descendemos de la empolvada camioneta, con cerca de 32 grados de temperatura, el Sol implacable nos azota con total y despiadada fuerza, no obstante, el escenario ante nosotros es por un lado sobre cogedor ya sea por la increíble panorámica de alto contraste natural por tener un río y un desierto absoluto y por otro lado el mismo río horriblemente contaminado, estancado, quieto y oscuro, lleno de algas, borra y mal olor.

Esta situación de contrastes, también narra una historia de sacrificio e inigualable capacidad de ingeniería adelantada para su época, en la obra trabajaron alrededor de 200 almas, un numero muy alto de obreros para esos tiempos, obviamente la mayor pieza construida fue el murallón de piedra canteada de 35 metros de alto que embalsaba alrededor de dos kilómetros de agua, tras varios años de construcción el tranque comenzó sus operaciones en el año 1911.

Tras unos momentos de observar el entorno, descendemos para ver de cerca las instalaciones que ya desde la distancia se aprecia claramente el abandono, y sin lugar a dudas así es, cada objeto de esta construcción que se podía remover fue claramente removido, y cada rincón que tuviera una superficie plana, incluyendo la no planas también, han sido rayadas con cuanto garabato pueda existir en la mente de los inescrupulosos e ignorantes, sin mencionar los recovecos usados como baño público. Por tanto el desmantelamiento y hurto de partes y piezas de las oficinas de administración y salas de turbinas se encuentran en un considerable estado de deterioro. Nos lamentamos de la situación actual del Sloman visto desde un punto más bien de Monumento histórico y/o patrimonio material nacional.

Tras unos 54 años de operación el tranque cesó sus funciones en el año 1965, este tranque fue declarado monumento histórico por decreto supremo el 15 de enero en 1980, esta declaración incluía compuertas, canales, el tubo de alimentación de las turbinas y la zona de vegetación cercanas al tranque.    

Mas tarde, la zona de protección de este patrimonio histórico fue ampliado en 1991 a la casa de maquinas que no estaba incluida en la declaración anterior, cuando bajamos por unas empinadas escaleras de madera que medio se sostienen en pie, entramos por una puerta de metal entreabierta, la oscuridad domina todo, se siente un olor fuerte a encierro y oxido, con la vista aun encandilada tras unos segundos entendemos donde estamos, la antes mencionada sala de maquinas, en ella tres grandes turbinas alemanas Voith Heidenheim que van montadas u acopladas en generadores Siemens Schuckert de nada menos de 35 kwh., duermen su sueño permanente cubiertas de polvo y vandalizadas.

Hoy el tranque Sloman sólo regula las aguas que llegan al valle de Quillagua de forma mecánica, es decir el flujo de agua no es administrado por nadie, el Loa sólo pasa por aquí, en la actualidad este monumento es parte del problema de la contaminación ambiental que generan las Mineras que operan en la zona, cuyos químicos y minerales pesados que son vertidos al río, terminan estancados en el tranque.

Al marcharnos, nos vamos nuevamente con esa sensación cruzada o polarizada de que vimos una hoja de la vida de nuestro país totalmente olvidada y a su ves un objeto negativo de la acción antrópica en un ambiente fluvial que una ves fue fuente de vida en el desierto más seco del mundo y hoy desfallece ante la displicente mirada de quienes lo han sofocado.

Fuente de información 

www.monumentos.gob.cl

A

Revista BIOMA 2020

 

 

VOLVER

TRANQUE SLOMAN

el contraste de lo admirable y lo despreciable

logotipo propio CONAF 2018 A-01-01.png

© 2020  REVISTA BIOMA, TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS