En Chile los paisajes son tan diversos como los grados de sensibilidad que estos tienen ante el cambio climático, los reconocemos y conocemos por su belleza escénica o por su valor natural, como reservas, parques, santuarios de la naturaleza o por sitios sin protección pero que tienen una gran importancia biológica tanto para la zona en que se ubican como para el ecosistema en general.

Por lo que cada uno de ellos tiene una “piel más o menos sensible”, por ello nos dirigimos a conocer y palpar en carne propia cómo los efectos colaterales del calentamiento global propinan golpes más fuertes a estas “pieles” y una de ellas son los desiertos costeros del norte de nuestro país, son muchos y todos son opuestos, parecidos o iguales entre sí, están repartidos prácticamente desde los hábitats transicionales del norte chico hasta las grandes llanuras costeras mucho más allá de la frontera chileno-peruana.Independiente de las condiciones climáticas actuales, como el paso, por ejemplo, del denominado río atmosférico que el mes pasado afectó a la zona centro-sur del país, provocando precipitaciones con superávit de agua caída, se puede apreciar a simple vista como los desiertos costeros, con el cambio climático, como una suerte de giro en la historia natural local, provocará un descenso drástico de los caudales de las zonas áridas mermando la disponibilidad de nutrientes en los ecosistemas del borde costero, reduciendo con ello los sedimentos que de forma natural constituyen las dunas. Sin ir muy lejos, estos cuerpos dunarios cumplen otra función en este entorno, son también verdaderas barreras frente al aumento del nivel del mar, los que a su vez forman hábitats para una extraordinaria biodiversidad nativa costera, aves nidificantes y migratorias, pequeños vertebrados, herpetofauna y resistentes formaciones vegetacionales, que proliferan en estos ambientes hostiles.
 

Así mismo, al recorrer estas playas inhóspitas y observar las morfología del borde arenoso se entiende que las marejadas, en su rol moldeador, se verán incrementadas en potencia y frecuencia bajo el escenario del cambio climático, reduciendo y alterando las playas de arena, modificándolas para siempre.
Por otro lado, pero sin alejarnos de este panorama, los humedales costeros son claves para mitigar los efectos de los cambios ambientales de los que ya somos testigos, son medidores naturales del estado de salud del medioambiente y no sólo para las comunidades humanas que también viven y sobreviven de los productos que las costas y el mar les proveen, sino también para las centenares de formas de vida con las cuales convivimos, como las aves playeras residentes y migratorias, estas especies necesitan de los humedales costeros y sus recursos a lo largo de su ciclo de vida.

Los bordes costeros áridos y semiáridos de Chile al igual que los del resto del mundo, son extremadamente frágiles y necesitan ser manejados y protegidos de manera integral, más allá de una mirada antropogénica. Esto resulta clave para la sobrevivencia de los ecosistemas en tiempos de crisis socio ambiental.


 


Infórmate y actúa en favor de la conservación de estos ecosistemas y la vida que albergan.

 

Sitio Ramsar Las Salinas de Huentelauquén. Humedal costero del semidesierto chileno.

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Revista BIOMA 2020

 

 

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DESIERTO COSTERO Y CAMBIO CLIMÁTICO

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