EL GLOSOTERIO

perezoso excavador

En las profundidades de la zona sur de Chile, más exactamente en la comuna de Lonquimay, palabra mapudungun que significa “Bosque tupido” no es de extrañar que hoy se pueda encontrar una exquisita diversidad biológica, a pesar de los cambios producidos por el hombre, pero antes, mucho antes… estas tierras eran suelos fértiles en todo sentido, tanto en la flora como su nombre lo dice, como todo aquello que pertenecía al reino animal.

Y ante ese escenario nos transportamos al Lonquimay del Pleistoceno, para encontrarnos con un gran habitante de estos bosques tupidos, el Glossotherium robustum (Glosoterio).

El genero del Glosoterio es el de un perezoso terrestre extinto, del cual en Chile sólo se han hallado vestigios de su existencia en la zona de Lonquimay, tenía un cráneo alargado y cilíndrico algo más corto que su pariente el Milodón ya que pertenecieron a la misma familia Mylodontidae.

Respecto de su morfología, sus extremidades delanteras tenían la particularidad que parecían adaptadas para ejercer fuerza y no para correr, como podríamos imaginar, lo que ha llevado a deducir que tenía un curioso hábito fosorial, porque sus garras eran más bien verdaderas palas de excavación, es decir largas, rectas, planas y anchas, especiales para excavar madrigueras y porqué no decirlo para buscar alimento en el subsuelo. Debió ser interesante verlo cavando hoyos como un verdadero perro, sobre todo si se trataba de un animal con una masa corporal de entre 1200 y 1500 kilos y alrededor de 4 metros desde su hocico hasta su cola.

Pero el Glosoterio era un ramoneador, un herbívoro, que posiblemente en cada bocado ingería grandes cantidades de pastos, por eso en su búsqueda de alimento llegaba a las raíces y tubérculos ocultos bajo las primeras capas de tierra, que le entregaban mayor porcentaje de nutrientes y claro está mayor volumen de comida muy necesario para un animal de aquella envergadura.

Esta colosal bestia, asumía la postura bípeda, un gran mecanismo de defensa a la hora de enfrentar a sus depredadores naturales, que suponemos no eran muchos en aquel entonces, tal vez el Smilodon o dientes de sable, que claro, era el depredador supremo sería probablemente el único capas de hacer frente a este apacible gigante.

Este perezoso estaba emparentado con el Megaterio y muy particularmente con el genero norteamericano del Paramylodon. Eventualmente remotos cambios climáticos naturales produjeron la extinción de los Glosoterios, pero la existencia de humanos en el Pleistoceno tardío aportaron también a su desaparición hace alrededor de unos 15.000 años.    

No obstante, hay registros de hace unos 8000 años de antigüedad, que hablan de Glosoterios aun deambulando en las cercanías de lo que hoy es la provincia de Buenos Aires en Argentina, donde incluso se produjo el hallazgo de material no óseo o “adherencias” que determinaron que se trataba de pelos fósiles e improntas de pelos de esta especie, esto fue el resultado de extensas excavaciones paleontológicas en la rivera del arroyo Balta cercano a la desembocadura del río Luján, un hecho no menor considerando las características geoclimáticas y claro, el tiempo, que conservaron estas muestras en muy buen estado, por cierto el pelaje es obviamente una característica que es exclusiva del genero mammalia, por ende los hallazgos de pelaje de especies extintas son muy valiosos y significativos para entender y aprender la morfología de cada uno, sobre todo cuando se trata de un campo muy poco desarrollado, precisamente por la dificultad que significa encontrar buenas muestras de pelos en el registro fósil, a pesar de eso y sin ir muy lejos, en Chile se han hallado pelos de megafauna cuaternaria como el Hippidion saldiasi (Caballo de Saldiasi) (véase edición anterior*) y pelos y piel del Mylodon Darwini (Milodón) en la famosa Cueva del Milodón en la provincia de Última Esperanza en la región de Magallanes a unos 25 kilómetros de Puerto Natales. Se trató de muestras de entre 10.000 y 13.000 años AP.

Finalmente, la trascendencia del reciente hallazgo, que es un fenómeno muy poco frecuente,  especialmente del pelaje de un Glosoterio, no sólo es el primer registro no óseo de esta especie, sino que también es el primero para la megafauna del periodo del Pleistoceno en general.

Revista BIOMA

2019

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