Lana, el noble propósito ancestral

Desde las frías estepas patagónicas hasta los desolados parajes altiplánicos, nuestros ancestros desde los difusos tiempos de los que ni siquiera tenemos evidencias, hace más de once mil años trashumaron por rutas y paisajes extremos ahora inimaginables, cazando y recolectando, siempre buscando su sostenibilidad hasta incursionar en el acto tan natural e instintivo del asentamiento, accediendo con ello a los recursos que esos hábitats escogidos para quedarse permanentemente les proporcionaban, en ese eterno camino de supervivencia el clima les dio sus más inclementes manifestaciones, las que diferenciaban a los más fuertes de los más débiles, mejorando gracias a eso la genética de esta proto especies humanas que corrían paralelas la carrera evolutiva.

Ellos recurrieron a todo lo que les permitía su instinto para protegerse, creando las primeras herramientas y también las primeras indumentarias, como el cuero, la grasa animal y por supuesto el fuego fueron los elementos que dieron como origen a lo que serían las futuras culturas que poblarían cada rincón del planeta.

Entonces, en alguna de las líneas escritas en las páginas de nuestra historia, surgió el aprovechamiento al máximo de las materias primas que provenían de los animales, generando con ello los derivados, como la lana en este caso. Ciertamente que en aquellos remotos tiempos los animales de pelaje tupido eran los más apetecidos y buscados, ya sea que fuera para utilizarlos como fuente alimenticia o como un recurso renovable, el que surgió gracias a la domesticación de algunas especies animales que, claro, muchas de ellas fueron evolucionando también en ese proceso, para dar mejores subproductos como la leche, huevos, lanas, carnes, etc.

Ya en tiempos modernos la lana y el hilado que se hace de esta, emergieron con tratamientos artesanales más sofisticados, que implicaban procesos de teñido y tejido más delicados y dedicados en su esencia utilitaria pero que al fin se convertía en arte.

Por cierto, que no se puede negar que lo anterior resuena como a los primeros guiños que hizo la humanidad a la industrialización, tan contaminante y destructiva, tal y como la conocemos hoy, cabe señalar que cada tonelada de lana necesita para su procesado al menos 200.000 litros de agua, sin mencionar que de ahí se desprenden al menos unos 50.000 litros de líquidos residuales y tóxicos.Volviendo al pasado, salvo los egipcios que la consideraban impura, la lana ha sido un elemento clave en nuestra narrativa desde mucho antes de los primeros asentamientos humanos y con una proveniencia muy variada, no sólo de las ovejas o mejor dicho de su antecesor el Muflón* sino que de una interesante variedad de animales, a pesar de los procesos de teñido e hilado que hablamos, las lanas “antiguas” no eran para nada como las actuales, los vellones tenían dos tipos de fibras distintas, por un lado pelos más largos y toscos (gruesos) hacia el exterior para evitar que el animal se empapara de agua de lluvia y se aislara del viento y hacia el interior, más cerca de la piel, una lanilla corta y fina que era un gran aislante térmico perfecto.

Pero, así como los animales se domesticaron, también se domesticó** la calidad de sus vellones, al menos en lo que respecta a la lana ovina esta crece en forma continua, es más, si no es esquilada en la temporada que corresponde, el vellón sigue creciendo y la oveja no soportaría el peso de su propia lana.

En esta interesante variedad de animales proveedores de lana, tenemos a toda una familia altiplánica, donde encontramos a las vicuñas, alpacas y llamas. Claro que existe un gran detalle que hay que compartir antes de continuar, y es que sólo las ovejas dan lana, lo demás es “fibra animal” y una de las más caras del mundo es la fibra de la vicuña, es muy apreciada por su calidez, son fibras escamosas que al hilarlas se entrelazan aislando el aire, midiendo solo entre 12 y 14 micrones de diámetro, por ello en el mundo preincaico e incaico la Vicuña vistió a emperadores y a la realeza. En el mundo preincaico se pensaba que la ropa representaba los dioses y el origen del linaje, pero ciertamente los Incas posteriormente fueron grandes tejedores que se caracterizaron por usar formas geométricas en su decoración típica, como la estrella de ocho puntas que representa a Tupac Amaru. El tejido en lana andino siempre ha tenido una función netamente utilitaria, como los tejidos de Calcha o los tejidos de Jalq’a y Tarabuco en Bolivia que son considerados los más bellos de ese país.

Por eso el oficio de esquilar, hilar, teñir y el arte de tejer las lanas es más que un simple resultado textil que se convierte en un utensilio o producto para capear las inclemencias climáticas, es un legado ancestral, la lana a tejido generaciones completas de muchas culturas, porque no es sólo una materia prima, es una fuente de inspiración que expresa la creatividad de sus creadores a través de colores, patrones y detalles, es la historia de nuestros antepasados de los diferentes grupos étnicos que usaron y usan la lana como símbolo de la narrativa cotidiana y extraordinaria de sus culturas, la lana tejió el pasado y el presente para unirnos con nuestras raíces.

Esta es una breve apreciación sobre la lana, con aroma a campo y humo, con color de praderas y cielos de tersas nubes, a sabor de sur y a mística de norte.   

 

 

 

 

 

 

*Ovis orientalis musimon, mamífero artiodáctilo originario de los bosques mediterráneos de montaña de las islas de Córcega y Cerdeña, se cree que la oveja domestica procede de este Bóvido del orden de los artiodáctilos. 

**Por cruce entre distintos tipos de ovejas de distintas procedencias creando con ello variables genéticas.

Revista BIOMA 2021

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