HUELLAS FAMILIARES DE MISTRAL

No había pasado mucho tiempo recorriendo el desierto costero de la comuna de Freirina, región de Atacama, cuando comenzamos hablar en voz muy alta, por el ruido de la camioneta andando por camino de tierra, repasábamos el porqué de nuestro destino, íbamos en dirección hacia el distrito minero de Quebradita a 45 kilómetros al sur de la ciudad de Freirina.

En esta ocasión no se trataría de un viaje a un parque nacional o en busca de flora y fauna o un hito escénico de valor nacional. Muy por el contrario, íbamos a la escuela, sí… íbamos de regreso a la escuela, pero no a estudiar, aunque pensándolo bien de alguna manera sí íbamos a estudiar, a aprender sobre nuestro patrimonio material histórico.

Nos acompaña don Oriel Álvarez Hidalgo, y como lo dice su segundo apellido es un verdadero hidalgo de la historia local con más de catorce libros publicados, él nos habló de la Escuelita de Quebradita y su importancia como legado del patrimonio local histórico y que por estar emplazado en terreno privados mineros se encuentra en un estado de conservación bastante regular, por tratar de ser optimista con su valor patrimonial.

Llegamos a literalmente una quebradita entre cerros marrones y brillantes por el Sol que los cubre casi cerca del medio día, ciertamente no era la mejor luz para la fotografía, pero en ocasiones se debe ser flexible con las circunstancias que rodean a esta visita y aceptar que es una oportunidad hasta cierto punto irrepetible al menos para nosotros.

Entre los recovecos de un cerro a unos quinientos metros al frente se escucha el eco de un golpeteo persistente pero intermitente, prestando más atención vemos a un solitario pirquinero a la distancia insistiendo en extraer el fruto mineral del inerte cerro para subsistir, en ese mismo escenario, pero justo al frente y construida en un terraplén con vista panorámica a este árido lugar se yergue imponente por sus dos pisos, cual torre en medio de la nada, este establecimiento educacional de la época fue utilizado hasta aproximadamente el año 1960 antes de ser prácticamente abandonada.

La data de su construcción quedará en la duda, ya que no existen registros de aquello, no obstante don Oriel nos comenta y nos muestra que las bigas y enmaderado de la techumbre se sabe que se usaron materiales del extinto también Puerto de Sarco, por tanto, esa probabilidad ubicaría la construcción de la escuela entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, data no menor para una construcción en medio de la nada.

Mientras nos aventuramos a explorar sus rincones, que cabe señalar que ya tienen una larga historia de daños y grafitis que sólo demuestran nuestra incultura y afán destructivo, sin duda nos damos cuenta que no es una obra de arquitectura trascendental y ni de gran ornamenta, es más bien bastante “utilitaria” sin animo de ofender a sus antiguos constructores, se trata simplemente de una suerte de gran casona de doble agua, de dos pisos, muy altos al menos entre 3 a 4 metros sin cielo raso, sustentado en la cima por una gran viga madre de madera importada, en el primer piso seguramente estaban los niños y sus profesores en un amplio salón con altos pilares recubiertos emulando pilares románicos con capiteles con ventanas con barrotes que miraban al pequeño valle, arriba al parecer eran habitaciones para los profesores residentes.

“Quebradita propiamente tal, es la denominación que ha recibido de antaño el lugar conocido como “Quebradita antiguo”. A partir de 1959 y debido a la instalación de faenas de la empresa Capote Aurífero de la familia Callejas Zamora, se empieza a conocer como Quebradita el lugar donde se encontraba la planta, ubicada a no más de 5 kilómetros de Quebradita antiguo.

En el sector arcaico, se ubicaban importantes minas como la “Constituyente”, “la Socavón”, “Rosario” y otras que dieron brillo y vida a un pintoresco pueblo ubicado en una angosta quebrada. Hoy, solamente queda como testigo de esa época, el edificio de la escuela del lugar que fue edificada de madera importada, con amplias dependencias y una estructura de dos pisos” *

No obstante, a este relato histórico anterior, el hito más importante de esta pequeña escuela abandonada, es que antecedentes fidedignos indican que fue profesor aquí don Jerónimo Godoy Villanueva que provenía de la zona de San Félix.

Pero quien era él y qué tiene de particular su presencia en la escuela de Quebradita, pues bien, de pie a un costado de la alta construcción y refugiados de los rayos del Sol, don Oriel nos cuenta que don Jerónimo fue el padre de Lucila Godoy, más conocida por todos como la poetisa y premio Nobel Gabriela Mistral.

Don Jerónimo Godoy fue poeta también, escritor y cantor popular-payador, además de su profesión principal que era ser profesor, en alguna manera se le describió como un bohemio, cuanta la historia que este hombre del valle de San Félix a sesenta kilómetros de Vallenar, estaba por ordenarse para sacerdote cuando conoció a doña Petronila Alcayaga con quien finalmente se casó y se establecieron en un lugar llamado La Unión, el que hoy se conoce como Pisco Elqui, así mismo cuenta la historia que cuando Petronila estaba a punto de dar a luz, las vecinas le dijeron a don Jerónimo que la llevara a otro lugar, no ahí, por lo que no hallo nada mejor que montar a su señora en un burro y la llevó a la ciudad de Vicuña, donde ahí y creemos por milagro después de un viaje así a su primera hija la cual llamaron Lucila. Pero no fue un buen padre, él las abandonó cuando Lucila aun era pequeña, por ser un viajero empedernido, “Salía a recorrer mundos y solía volver a visitarla cada ciertos años”, no obstante, su propia hija lo justificó diciendo “Así somos los Godoy, vagabundos de alma, queremos viajar, mirar, conocer ¡Que el mundo es tan bello!”.

A muchos conoció y a muchos marcó con sus conocimientos en matemáticas, castellano y francés, fue un hombre querido por sus alumnos y bien recordado, buen o mal padre de todas formas sembró en Lucila un legado de palabras y sueños que se convirtieron en la posteridad en un gran tesoro nacional.

Don Jerónimo Godoy Villanueva falleció un 30 de agosto de 1911 en Tierra Amarilla a los 52 años y probablemente Lucila, que hacía clases en Traiguén, no se enteró en el momento que su padre, el coautor de sus días, el poeta y profesor, el errabundo bohemio viajero de mundos se había marchado para siempre.

Fuente y agradecimientos: 

"Freirina, una historia"

de Oriel Álvarez Hidalgo

Revista BIOMA 2021

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