Serie ROSTROS DEL PATRIMONIO
MIMBRERAS

En Chile el mimbre tiene una identidad tan arraigada como la artesanía en cobre o greda, su factura es un proceso de mucha nobleza y trabajo dedicado que se mantiene vivo por generaciones. Estamos en el sector de Roblería, en la región de Ñuble, un paisaje esencialmente campesino que a simple vista parece no haber cambiado mucho desde la época de la colonia.
El tiempo corre lento, tal ves ni siquiera corre aquí en Roblería, se trata de una calle sin pavimentar que se curva rodeada de añosos robles y álamos que parecen inclinarse al paso de alguna carreta que se resiste a morir.
Nuestro dato nos lleva hasta la casa de la señora Mónica Galdames, la encontramos en su taller, el que al entrar nos llena la visión con millares de tiras de mimbre que cubren cada rincón de las paredes y el techo, a la espera de su turno para convertirse en alguna obra minuciosa de la blanquecina caña.
El mimbre tiene una larga historia en el quehacer artesanal en nuestro país, Chimbarongo, en la provincia de Colchagua ha sido prácticamente la cuna de este oficio artesanal por décadas. Haciendo un poco de historia, durante el reinado de Ramses II, Moises fue rescatado de las aguas del Nilo en un Cesto de Mimbre, y para qué mencionar que la misteriosa ciudad de Ur se han hallado sarcófagos de mimbre con una data de más de 5000 años.

El origen, como muchos tiene una data imprecisa, sobre todo por tratarse de una especie de presencia natural, es decir no cultivada intencionalmente, en el 370 antes del presente ya se hablaba de su elasticidad y ligereza, ideal para la fabricación de escudos guerreros y en Roma durante el siglo I ya se desarrollaba el cultivo sistemático de esta especie.

Pero como nos hemos de enterar aquí en la región del Ñuble también hay mucha inspiración y esmero, es un arte que genera buenas ganancias sin invertir demasiado para solventar la creación, sólo basta con sembrar y cosechar.

Los mimbrerales se dan por sí solos, en las orillas de los ríos, acequias o canales, en fin donde haya abundancia de agua y humedad.
La señora Mónica nos cuenta que el mimbre se da con facilidad, no requiere cuidados dedicados, basta con mantener libre de malezas el lugar, la cosecha de la varilla y la poda se realiza una vez al año.

En su destreza ya desarrolla al punto de la excelencia, nuestra amiga pela las varillas con una navaja retirando la corteza, escogiendo posteriormente las más largas, sin nudos y del mismo grosor. Las sumerge en agua por unas tres horas y quedan con la elasticidad necesaria para evitar que se quiebren durante el proceso de tejido.

Vemos en sus manos que se mueven tan rápido que escapan a la velocidad de obturación de la cámara, que usa dos tipos de varillas para crear un canasto sencillo, una varilla entera para el armado del mismo y una partida o “huira” para el tejido.

RevistaBIOMA.cl

2022

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