IGLESIA DE SAN AGUSTÍN

serie iglesias de lemuy

Estamos en la Isla de Lemuy, comuna de Puqueldón, Chiloé, en la aldea de San Agustín, sí, aldea porque se trata de un pequeño villorrio que se ubica en el centro de Isla Lemuy,  por lo que es el único lugar que no tiene mar. Algunos antiguos habitantes cuentan que antes  de llamarse San Agustín, en honor al padre Agustín Díaz, este sector era llamado  Canahuel  que en mapudungun se traduce como otro tigre, seguro por la otrora presencia de pumas.

Nos encontramos con una hermosa plaza y aquí se encuentra un campo deportivo donde los habitantes realizan competencias y encuentros deportivos.

Chiloé como muchos lugares de Chile tienen fuertes creencias religiosas que en ocasiones toman emblemas de fe que no necesariamente provienen de la iglesia sino más bien de personajes anteriormente anónimos, pero luego de eventos trágicos se convierten en símbolos de mito rural por misteriosas razones, las cuales los locales solo dan fe, ejemplo de ello, es uno de los emblemas religiosos más reconocidos de Isla Lemuy, es la Animita de Don Manuel Mancilla que se ubica a 2 km. aprox. desde su iglesia, hacia la localidad de Puchilco. Tomamos  el  camino, para encontrarnos con su imagen, la animita que para sus fieles es leal e incondicional, para quienes la visitan sólo para conocerla, es todo un misterio, los antiguos cuentan  que  siempre  esta  iluminada.

Al entrar es casi imposible quedar estupefacto al ver no sólo la devoción que genera su presencia, sino que la infinidad de recuerdos e imágenes que los visitantes creyentes le han dejado, la pequeña casa ya casi está repleta de estos, a veces, extraños souvenirs de fe o agradecimiento por los “favores cumplidos” que les dejan sus fieles.

 

            Cuenta la Historia que hace muchos años vivían en una misma casa dos hermanos, uno era casado y el otro era Manuel. El hermano casado por alguna enfermiza razón tenía celos de Manuel; una  noche mientras dormía le dio  muerte  (los antiguos  habitantes  dicen  que con un hacha). Posteriormente, lo  vistió y llevó su cadáver al monte, enterrándolo al lado de un árbol.                           

         Cuando   algún  vecino  preguntaba  por don Manuel, su hermano respondía lo mismo “se  fue  a viajar”. Pasado  ya  más de un año, un vecino que andaba en busca de sus animales que se habían salido del campo, acompañado de su perro, vio que éste empezó a ladrar y a escarbar la tierra al lado del árbol, apareciendo el cadáver de don Manuel Mancilla, a quién el vecino reconoció. El autor de éste crimen fue detenido por Carabineros y en el lugar en que se encontró, los vecinos construyeron una pequeña casa a la que concurre mucha gente de diversos lugares, pues descubrieron que era una ánima milagrosa ya  que siempre escuchaba sus ruegos y peticiones.

 

Fuente: contenidos locales.cl

 

Volviendo a San Agustín, nos enteramos que se realiza una fiesta que recrea la “antigua trilla”, labor que solía ser una minga*, en la muestra se ofrece gastronomía local, folclor y actividades tradicionales. 

 

*Minga: concurrencia amistosa para un trabajo,  trabajo  colectivo en que los vecinos cooperan a cambio  de  comida  y  de la devolución del día trabajado cuando a ellos les llegue su turno de hacer lo mismo.

 

En un verde prado, nos encontramos finalmente con la Iglesia de San Agustín, esta obra arquitectónica como muchas más de todo el archipiélago de Chiloé pertenece a la Escuela Religiosa de Arquitectura chilota en Madera, sin embargo, la particularidad de esta casa de fe es que no se sabe con certeza la fecha exacta de construcción, se estima que pudo ser a inicios del siglo XX.

Posee una torre pórtico y su explanada principal da la espalda al camino, de hecho mira hacia el camino secundario que va hacia el sector de Puchilco, en su interior se respira el aroma a madera noble y velas, la imaginería chilota clásica está muy presente en la representación de santos que silentes vigilan y protegen este templo y a sus feligreses.

Un color celeste en sus paredes debería acercar a los creyentes a la sensación del cielo, la bóveda de la nave principal es blanca igual que sus naves laterales.

El campanario es una torre delgada donde su magna campana, fue al menos para nosotros, inaccesible, vimos que carecía de algunos trozos que seguro se quebraron, lo que nos deja con dudas respecto al material con que fue fundida.     

Esta iglesia tiene su propio Cementerio, que se ubica al Noreste cercano al templo y aún  conserva las tradicionales “casitas” de madera, para sus difuntos, con tejuelas chilotas, ventanas y puertas, el campo santo tiene ese aspecto romántico y tétrico del sur, parece abandonado pero no es así, los líquenes han cubierto las cruces como demandando a sus deudos el espacio que a la naturaleza le corresponde.


Revista BIOMA 2019

 

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