CHIMENEAS DE LABRAR

El ya casi extinto pueblo de Labrar del que quedan sólo silentes huellas estructurales, otrora fue cuna de una gran población en la zona de Atacama sur, alojando por años a familias enteras donde disponían de casi todos los servicios básicos como correos, registro civil, policía, escuela, mucha actividad comercial y hasta una iglesia, todo era abastecido por antiguos caminos carreteros que conducían hasta Freirina y Huasco.

Hablamos de un pueblo que tuvo su mejor esplendor y mayor producción en la primera mitad del siglo XIX donde se aplicaba tecnologías desarrolladas en Chile por el ingeniero inglés Carlos Lambert en la región de Coquimbo y Atacama.

Nos dirigimos a Labrar por caminos de tierra, a momentos siguiendo la sinuosa morfología de las serranías a momentos muy alta, que permitía obtener místicas panorámicas de este basto desierto atacameño.

La monotonía de este territorio árido es abruptamente rota por floraciones que aun persisten del desierto florido, remanentes de Añañucas blancas o rosadas pálidas se yerguen entre la agreste tierra mientras a la distancia pacen tranquilos, pero siempre alertas una pequeña manada de Guanacos.

Al llegar luego del polvoriento viaje, unos huevos cocidos, jugo y por supuesto aceitunas de Huasco con pan amasado, son la antesala para encontrar a unos 100 metros más hacia la costa tras unas colinas dos inmensas chimeneas que de no verlas en persona, podría fácilmente dudar de cómo es que aún se mantienen en pie, con al menos 18 metros de altura se encumbran hasta casi terminar en punta, con una base cuadrada de alrededor de unos dos metros, las chimeneas de Labrar son los vestigios materiales de la que fuera la antigua fundición de cobre de Labrar, estas fueron construidas en 1846 eran parte del tóxico proceso fusión por calor de metales (horno de reverbero) ahí el calor, en forma de gases y llamas, se obtenía de la combustión de leña de maderas nativas y carbón mineral, el tiraje de los gases era dirigido por estas chimeneas, otras que ya no existen, llegaron a medir hasta 40 metros de altura, todas construidas con ladrillo refractario ingles y mortero de cal reforzadas con armazón metálico.

Ya por el año 1871 los noventa hornos reverberos que existían en Chile, produjeron casi 40 mil toneladas de cobre, pero a fines del siglo XIX esta industria que ya contaminaba gravemente el medio ambiente paralizó sus funciones por el agotamiento de los yacimientos.

Estas dos chimeneas, a pesar de todo, son el único vestigio que queda en pie de lo que fue una industria muy fructífera y que permitió que Chile fuera el primer país productos de cobre, entre 1851 y 1880 desplazando a Inglaterra.

Por ello, estas piezas de historia y lo poco que queda del poblado de Labrar fueron declarados Monumento Histórico el 2 de octubre de 1980 (dec. 8377), decretos posteriores incorporaron otras zonas de Labrar como las ruinas del poblado, incluso los campos de escoria. Hasta el año 2008 se modificó finalmente el plano donde la protección fue completa para todo Labrar.   
A decir verdad, son sentimientos encontrados, en reiteradas ocasiones el patrimonio histórico de Chile, tiene estos sesgos que generan conflicto, por un lado tenemos los vestigios de una industria que prácticamente a destruido hábitats completos y claro está lo sigue haciendo a una escala inimaginable, tanto para el medio ambiente como para las comunidades humanas que quedan atrapadas bajo la sombra de sus operaciones y por el otro lado tenemos vestigios estructurales llenos de historia, ricos en el legado patrimonial y estéticamente atractivos para la fotografía.

Así el día comenzó a marcharse y fue cuando decidimos compartir estas imágenes a pesar de que Labrar forma parte de un pasado que hoy es un presente minero muy dañino, muy destructivo para el medio ambiente y aunque muchos dicen que es muy necesario para el país.

No obstante, es curioso sentir cierto alivio al ver que estas instalaciones ya no hacen daño y hoy sólo nos regalan historia. 

Revista BIOMA

2022 

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