CHUC CHUC

Cada una de las estrellas que brilla en el cielo nocturno del basto desierto de Atacama, podría ser el reflejo de una huella dejada en la tierra por los antiguos pueblos que una ves transitaron de norte a sur y de este a oeste en busca de sus sueños de prosperidad en estos inhóspitos parajes.

Como los petroglifos, los geoglifos han intrigado a arqueólogos, antropólogos y a quien sea que este paleoarte haya inspirado admiración, más cuando estos misteriosos dibujos fueron realizados por antiguas culturas extintas, al menos en su real dimensión, y durante mucho tiempo una larga lista de científicos y expertos aficionados han hecho interpretaciones personales de estos gigantescos cuadernos de dibujo.   

Nos bajamos del vehículo ante un paisaje yerto y sin vida, estamos en Chuc Chuc a pocos kilómetros del lecho medio seco del Río Loa, en la comuna de María Elena.

Tal ves esta sea parte de una de las zonas más áridas del planeta, no obstante no haber un solo árbol o arbusto alguno en kilómetros a la redonda, fue una vía de trashumantes muy concurrida en una remota época.

400 años antes del presente, la cosmovisión de los habitantes atacameños prehispánicos de estas tierras era diametralmente opuesta a la actual, los símbolos e imágenes labradas en las laderas de estos agrestes cerros de mediana altura son por lo menos incompresibles literalmente para nosotros, no obstante fueron agentes gráficos de vital importancia para los antiguos caravaneros que circularon por estas rutas.

Al apreciar los geoglifos desde la distancia, se puede entender en parte la importancia geopolítica o territorial para los pueblos ancestrales que usaron estas rutas troperas, creando aquí en Chuc Chuc tal ves un punto intermedio de intercambio o “cambalache” multi-étnico, puesto que pueblos de distintas latitudes confluyeron en la zona tales como Arrieros de Tarapacá, Atacameños costeros de enclaves, Loínos de las riveras del Río Loa o grupos altiplánicos de noroeste de Argentina, quienes desafiados por las grandes distancias que los aislaban de los recursos que otros sitios tenían, montaron esta red de geoglifos que marcaban las rutas hacia estos recursos, por ejemplo, las tierras interiores carecían de los recursos naturales que la geografía costera poseía o viceversa, probablemente los caravaneros de las llanuras contaban con carne de animales que en la costa no existían, así como cerámicas u otros objetos utilitarios, por tanto, quienes habitaban en las costas, detentaban con los inagotables,  en esos tiempos, recursos que el mar y la costa les daba.

Por tanto, la perspectiva del paisaje en relación a las huellas aun existentes de estos viajeros, indican claramente que los geoglifos fueron hechos por sola una razón global “comunicar”, ¿pero qué podían comunicar? Tres probabilidades podemos deducir dado los antecedentes de investigaciones arqueológicas realizadas, la primera podría definirse como señalética utilitaria, es decir que estos mega símbolos indicaban donde estaban ubicadas las fuentes de agua, o donde estaban los pastizales para los animales de arreo y carga como las Llamas o simplemente oasis y puntos de descaso para las caravanas en esta dura tarea de viaje.

La segunda probabilidad comunicacional rupestre podría hacer referencia al arte conmemorativo, como lo grafican algunas figuras antropomorfas como el “decapitador” que dice relación a la conquista de tierras por parte de los pueblos guerreros, ante un triunfo, dejando un geoglifo como “marca” representativa de alguna suerte de símbolo tipo blasón de un clan.

Y sin lugar a dudas, mientras caminamos buscando ángulos para apreciar el complejo de dibujos, podemos ver claramente una “Chakana” o la cruz andina, que con sus escalones representa, probablemente, el mundo celestial y el inframundo como un todo unido en una amalgama mágica, esto nos habla de la representación “sacra” donde estos pueblos ancestrales hacían referencia a sus deidades con más arraigo en su cosmovisión andina.

El complejo Chuc-Chuc es un rico bastidor de representaciones que agrupan posiblemente estas tres probabilidades de comunicación, existen contabilizadas 64 figuras antropomorfas (figuras con forma humana) que denotan características de tiempo tardío (pos 900 ap) que las separan entre sí, tales como las vestimentas con que fueron representadas, tocados y sombreros hacen referencia a estas fueron realizadas por una variopinta diversidad de culturas. Así mismo, se pueden observar 268 figuras netamente geométricas de carácter abstracto recogidas del imaginario andino, incluida la ya mencionada Chakana, una figura icónica de las sociedades andinas desde el 500 ap hasta hoy.

Los animales también tienen su sitial en el arte rupestre de Chuc-Chuc, existen 56 figuras netamente zoomorfas (figuras con forma animal) que es su esencia entendemos que reafirman el intercambio cultural y económico entre pueblos, ya que estos animales representados en los geoglifos son lo que hoy podríamos definir como una guía de campo de la fauna, pero fauna de los distintos hábitats o ambientes de la región que rodea a Chuc Chuc, es decir que se pueden distinguir claramente dibujos de ictiofauna como grandes albacoras (pez espada), Guanacos provenientes de los oasis y la puna, incluso avifauna altoandina como suris (ñandú) y parinas (flamencos), en resumen, casi un mega menú de las mercancías que se podían conseguir, donde y porqué no decirlo, con quién conseguirlas.

De ahí su considerable tamaño, era necesario que los caravaneros pudieran observar esta información desde sus rutas troperas abajo en el valle, el geoglifo más grande del complejo mide 22,9 metros de largo, no obstante, pudiendo acceder a un análisis más detallado de estas colosales figuras, es clara la forma de construcción ya que muestran tres tipos o técnicas, que en algunos casos sin ser más grande logran mayor contraste con el paisaje, por un simple cambio en la manera de elaboración.

Ante todo, la árida tierra del desierto de Atacama, con su salinidad, muy baja degradación ambiental y composición geológica es quien permitió que estas obras fueran prácticamente imperecederas. Estos suelos duros y agrestes tienen dos capas superficiales que son perfectamente alterables sin necesidad de equipos sofisticados ni herramientas, una es la arcilla superficial y bajo ella la llamada “Chusca” que es de un tono mucho más claro que la arcilla oscurecida por el Sol.

Uno de los tres métodos de construcción de los geoglifos era el sustractivo, que quiere decir que sus creadores despejaban la capa superior de arcilla ennegrecida dejando expuesta la chusca formando la figura en una suerte de sendero blanco de alto contraste, por otro lado el método aditivo era lo contrario, consistía en agrupar las piedras oscuras formando montículos que en conjunto daban vida al geoglifo, sin embargo las dos técnicas podían ser mezcladas y de hecho así era, los geoglifos mixtos eran dibujados con la sustracción de material dejando la chusca a la vista y al mismo tiempo la figura tomaba forma adicionando material por los bordes.

El complejo del parque arqueológico de Chug Chug con una data del 900 ap al 1450 ap es uno de los cinco complejos de geoglifos en el mundo de mayor emplazamiento, en EE.UU. se encuentra el Bhythe Ingaglios, bajando hacia nuestro continente encontramos las icónicas líneas de Nazca en Perú, en el Reino Unido está Fovant Badgets y en Australia están los geoglifos de Marre Man.

El camino de la investigación aún es muy largo, no hay certeza cuando o cómo comenzó la práctica de elaborar gigantescos geoglifos ideográficos como una herramienta de comunicación, no obstante, lograron cumplir su objetivo practico en su época, pero hay mucho de simbolismo mítico que aun no comprendemos y que probablemente nunca lo hagamos, pero la magia de eso es que los geoglifos de Chug Chug nos permiten sumergirnos en la cosmovisión de los pueblos atacameños y tarapaqueños que una vez caminaron por estos suelos resecos, dejándonos su voz, sus sueños, sus temores y sus creencias en las laderas de los cerros que miran directo a las estrellas.

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