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RUTAS ANCESTRALES CORDILLERANAS DEL CHOAPA

Si bien es cierto que Chile tiene una incalculable variedad de paisajes y escénicamente conmovedores, que van desde desiertos áridos y resecos hasta desiertos eternamente gélidos donde en ambos escenarios hay vida, tan rica como la que hay en el inexorable maritorio chileno y el sorprendentemente salvaje territorio insular, todos rebosantes de biodiversidad, donde saber cuál nos deja más boquiabierto que otro es todo un desafío evaluar.

Pero ante lo anterior, que, a decir verdad, no grafica en nada la riqueza natural de nuestro país, hay que sumar el alto valor patrimonial cultural chileno, que abarca lo material e inmaterial en todos los espectros del arte y las culturas.

Por ello, nos embarcamos, gracias a una invitación de la agencia de turismo Chalinkan Tours de la provincia del Choapa, en una salida técnica para explorar una eventual nueva ruta turística en la parte precordillerana del Valle de Chalinga, sobre los 2000 msnm.

Luego de un recorrido en camioneta 4x4 ascendemos a pie a hasta una bella postal cordillerana llamada poza de la Palmilla, un solitario par de cuerpos de agua que se alimentan de un canal que tiene una larga data, se cree que fue hecho por los pueblos ancestrales, hipótesis que se recoge de los innumerables vestigios arqueológicos circundantes de las culturas Molle y Diaguita (de esta última tanto pre incaica como incaica).

El sitio, está rodeado de pequeños bosquetes nativos hidrófilos de maitén (Maytenus boaria) y arrayán (Luma apiculata) como también del tipo esclerófilo como quillay (Quillaja saponaria), litre (Lithraea Caustica) y colliguay (Colliguaja odorifera) lo que nos habla aún hoy de que se trató de un territorio andino con grandes valores botánicos y fuente de agua.

Tanto que muy cerca de donde estamos, del otro lado de las laderas podemos ver claramente Camino del Inca o Qhapaq Ñan (en legua Quechua), una red de caminos de más de 30,000 km que atraviesa Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. Fue construido por pueblos andinos, adoptado por los inkas y llegó a su esplendor en el siglo XV.

Ciertamente estas tierras están sumergidas ciento por ciento en un misticismo ancestral, que, dicho de paso, hay poca investigación y muchas aventuradas hipótesis sobre el origen o más bien sobre la interpretación de los petroglifos que, como un mapa del tesoro se distribuyen aleatoriamente por laderas y llanos en estos parajes cordilleranos.

“En 2001, el gobierno de Perú invitó a presentar un expediente a la Unesco para que una muestra representativa de este sistema vial fuera inscrita en la Lista de Patrimonio Mundial, lográndolo el año 2014. Constituye el primer bien seriado y transnacional en que participa Chile que ha reconocido Unesco. En su Valor Universal Excepcional se destacaron atributos materiales e inmateriales.

Los tramos que fueron destacados se distribuyen en seis países, con 297 sitios, 137 tramos y 319 comunidades. Estos caminos tienen un valor cultural, social, productivo y religioso para las comunidades que los mantienen, especialmente para los pueblos originarios, que comparten una cosmovisión basada en la reciprocidad y dualidad.

En Chile, el Qhapaq Ñan se extendió hasta la zona centro del país, aportando a la declaratoria con 112 km y 138 sitios arqueológicos, que se relacionan por lo menos con 10 comunidades indígenas de la zona norte del nuestro país”. ¹

En nuestra caminata por las laderas aledañas a los cuerpos de agua encontramos arte rupestre concentrados en espacios acotados, pero no menos abundantes, hay muchos. En el valle de Chalinga se han encontrado cerca de 170 sitios arqueológicos con vestigios de cerámicas y petroglifos de diversos grupos alfareros precolombinos.

Entre el 200 d.C hasta el siglo XVI funcionó como una frontera cultural que combinó las influencias del complejo El Molle por el norte, y Llolleo por el sur. A ambos influjos, se sumaron contactos permanentes con Argentina dado lo bajo y expedito de los pasos cordilleranos.

Equipos arqueológicos investigan hoy por hoy la secuencia cronológica cultural y los usos del espacio durante ese período.

“Los profesionales encontraron rastros de arte rupestre y decoración en vasijas, al igual que huellas de campamentos de cazadores, sitios de vivienda, áreas rituales, cementerios y una gran cantidad de petroglifos. Todo ello atestigua la importante presencia de comunidades prehispánicas en el lugar.

Estos vestigios constituyen una fuente central para el estudio y conocimiento de los pueblos prehispánicos que poblaron nuestro actual territorio. Ambos dan cuenta del mundo simbólico e ideológico de quienes plasmaron en paredes, piedras o cerámicas las formas de comprender el mundo que los rodeaba”. ²

Ante este impresionante hábitat en que nos encontramos y que hoy luce solitario y silente, no siempre fue así ya que a partir del 200 dC el Valle de Chalinga fue una zona densamente poblada por grupos alfareros pero que, con el arribo de los Diaguitas, los Incas y la no tan grata llegada de los españoles se creó una suerte de diversidad humana sin precedentes, es decir misticismos étnicos nunca vistos.

Estos grupos prehispánicos se asentaron en las terrazas fluviales, como en la que estamos de pie ahora, que está cerca del río que nace de la Cordillera de Los Andes y que finalmente desemboca en el río Choapa, además ellos también habitaron las quebradas cordilleranas generando una variedad de usos y construcción social de estos territorios durante cada etapa del periodo Alfarero (165 al 1550 dC).

Por eso es importante detallar estos periodos para entender la extensión y los alcances culturales de cada uno.

“Período Alfarero Temprano (165-1100 d.C.): Diversas comunidades ocuparon las tierras altas para asentamientos de carácter habitacional, mientras que las tierras bajas o terrazas fluviales fueron usadas para tareas relacionadas con la explotación de madera debido a la cercanía de los ríos. En esta época destacó la confección de herramientas de piedra con materias primas del valle como basalto, andesitas y granitos.

Período Intermedio Tardío (1200-1500 d.C.): Pequeños grupos diaguitas se establecieron en las terrazas fluviales sin un patrón regular, pues la ocupación tenía como fin la comunicación con los valles aledaños. El acceso a materias primas no locales, como por ejemplo rocas silíceas, aumentó debido a la incorporación de nuevas fuentes de producción provenientes del contacto con los Incas.

Período Incaico (1450-1600 d. C):

La utilización del espacio tuvo un carácter funcional de comunicación con asentamientos vecinos y un uso simbólico ceremonial. Durante este tiempo un importante cementerio fue emplazado en el curso superior del río”. ³

Recopilando información, aprendimos gracias al Museo de Historia Natural de Valparaíso los siguiente que citamos y que nos parece importante de destacar como hito histórico de esta zona una tanto desconocido para muchos.

 

¿Cómo se alimentaron los habitantes en Chalinga?

Los restos de flora y fauna recuperados de los sitios arqueológicos revelaron patrones comunes de alimentación en la población prehispánica que habitó Chalinga.

El guanaco fue parte central de la dieta alimenticia que proveyó de cuero y huesos para la confección de artefactos.

Capturaron aves pequeñas, roedores como la chinchilla y el zorro chilla en el período Intermedio Tardío.

Plantas con frutos fueron usadas como comestibles e insumo para la leña. Sólo se detectó la presencia de quinoa en contextos habitacionales y enterratorios diaguitas.

¿Cómo eran sus espacios habitaciones, sagrados y ceremoniales?

Destacan dos sitios destinados a las viviendas y ceremonias:

Quebrada El Tomé: de carácter sagrado, su ocupación fue mínima pues era poco apta para el alojamiento humano. Contiene materiales cerámicos de tiempos incaicos y una amplia cantidad de piedras grabadas con arte rupestre.

Loma El Arenal: Ubicada en la parte alta del río y a los pies de un cordón de cerros de baja altura, fue escogida por pequeños grupos diaguitas para construir sus viviendas y enterrar a sus muertos.

El área destinada al cementerio contenía restos arqueológicos como ofrendas. Entre ellas, vasijas cerámicas puestas cuidadosamente cerca de la cabeza, brazos y pies, además de algunos instrumentos de hueso y piedra.

 

Todo este panorama nos permite conocer y entender en parte las dinámicas de estos pueblos ancestrales del norte de Chile, quienes, si bien no dejaron grandes monumentos, regaron por todo el valle un legado cultural tan imborrable como de valor incalculable

 

 

¹ Fuente: Servicio Nacional de Patrimonio Cultural

²/³ Fuente: Museo de Historia Natural de Valparaíso

 

Agradecimientos a

ChalikanTours

Romny Leiva

Jack Leiva

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