PARROQUIA de SANTA ROSA de LIMA, ayer y hoy

En la edición de enero del 2015, compartimos un reportaje realizado en la localidad de Freirina, ahí nos encontramos con la sorpresa de una bella iglesia en un triste estado de deterioro, producto del tiempo y el terremoto, era la Parroquia de Santa Rosa de Lima.

Como ha sido siempre nuestra admiración por el patrimonio arquitectónico religioso, ya que en este tipo de obras es apreciable un porcentaje importante de la cultura de cada localidad, sus fervientes creencias y esperanzas, por ello siempre en nuestras ediciones encontramos historias de esos patrimonios inmuebles de fe.

Describimos lo que percibimos en aquel entonces:

“A la distancia parece reluciente, con sus tonos blancos y cremas que la decoran sobriamente, pero al acércanos nos damos cuenta por un lado de su impresionante presencia y por otro lado, más triste por cierto, su deplorable estado de conservación.

La poderosa figura de líneas rectas y rígida simetría, sólo interrumpida por tres portales con arcos de medio punto que rompen el esquema de su fachada, nos da la bienvenida, el cuadro general se muestra decorado con vetustas palmas chilenas que permiten componer las fotografías, pero su desolada existencia nos da dos sensaciones distintas que nos sumergen en una profunda reflexión.

El atractivo que presenta como un monumento abandonado resulta increíblemente interesante para captar mil imágenes, pero a su vez su anquilosado presente nos pide a gritos que difundamos su deterioro para alertar al Consejo de Monumentos Nacionales para retomar urgentes y necesarias acciones de restauración.

Santa Rosa de Lima, comenzó a emerger del suelo freirino en 1886, una época tan lejana en el pasado que ahora nos cuesta imaginar, como debió ser su proyección que fue financiada en parte por el gobierno de José Manuel Balmaceda (1886-1891), la municipalidad y los mismos feligreses que aportaron fondos propios para la obra que nacía.

Ante nuestros ojos se nos presenta un maravilloso diseño tipo basilical huella del diseño de principios de siglo, nos inquietamos por ver su interior, ya que se encuentra cerrada desde el año 2002 por los serios daños estructurales que el tiempo, las palomas, las polillas y los sismos que la han golpeado, para ello nos dirigimos a gestionar la imposible tarea de acceder a su interior, el párroco nos recibe amablemente y nos da la bienvenida, caminamos bajo una calurosa tarde desde la parroquia “alternativa” y por una gran puerta a un costado de la voluminosa iglesia, que parecía no haber sido abierta en mucho tiempo, entramos, esperábamos un oscuro interior donde la luz externa nos obligaría a esperar que nuestras pupilas se dilataran lo suficiente para apreciar sus secretos, sin embargo la sorpresa fue que la luz emergía por todos lados, dejando muy poco a las sombras, se alzaban ante nosotros tres naves con seis arcos de medio punto que parten de siete columnas de capiteles tipo dórico las que dividen simétricamente su interior, la bóveda se extiende desde la parte donde se ubicaba el coro, que encendía las almas de los feligreses al interpretar sus cánticos hasta el majestuoso altar que parece haber sido construido en el lugar por su magnífica presencia.

Antes de levantar nuestra cámara para captar la arquitectura interior con su belleza oculta por el deterioro, giramos 180º como si estuviéramos rodeados por los espíritus de sus constructores que probablemente dejaron alguna marca oculta, como un vestigio de que estuvieron allí. Sobre el coro alto se alza la torre de madera de tres por tres donde en su distante interior guarda dos campanas de manufactura francesa (1870) y más arriba el mecanismo de relojería que culmina con la aguja de cuatro metros que domina todo el paisaje, probablemente, más de un par de kilómetros a la redonda.

Es claramente visible el daño, en el cielo, las paredes y ciertamente en el suelo, de acuerdo a los comentarios del padre se han hecho sondajes del subsuelo y éstos han arrojado resultados poco esperanzadores para el futuro de los cimientos de esta tangible mole, testigo de la intangible fe del ser humano.

Fotográficamente hablando, los detalles, las formas, los decorados, las sombras y luces surgen por doquier, como un paisaje inhóspito para descubrir, un mundo de belleza mística que cualquier amante del arte gustaría de explorar. Son obras humanas que quedan como huellas digitales, ciertamente la arquitectura religiosa ha sido por miles de años un sello de las culturas, independiente de las deidades que las inspiraban. Y esta iglesia no es la excepción, requiere de un laborioso trabajo de rescate que no es menor, en lo absoluto.

Esperamos que estos registros y esta experiencia de explorar su interior no sea el de los últimos que tuvimos el privilegio de conocerla, al contrario que éste sea un paso de inicio a un largo proceso de renacimiento.

Al adentrarnos tras el púlpito, en el secreto rincón donde sólo los curas tenían acceso, vemos un hermoso confesionario de madera con sus cortinillas abiertas aún como esperando a creyentes para confesar sus más ocultos pecados, al otro lado un vetusto mueble con un sinfín de pequeños cajones donde se guardaban los documentos parroquiales. La luz que entra desde lo alto delata el polvo que flota en el aire y las telarañas que dominan cada pequeño rincón, pero no hay más, sólo polvo sobre polvo, un candelabro de loza quebrado, que seguramente no es original de la época, evoca un pasado en que las ofrendas florales que recibía la iglesia durante las festividades religiosas eran habituales hasta que sus magníficas puertas frontales se cerraron aparentemente para siempre.

Es la iglesia Santa Rosa de Lima, que hoy nos ha enseñado su pasado y nos muestra asimismo su presente, sólo nos resta esperar para saber cuál será su futuro”.

Y así fue, en este mes de diciembre 2020 pudimos regresar y ver cómo esta bella muestra de la arquitectura religiosa fue restaurada, vimos como las luces entran etéreas a cada rincón como tal vez lo hicieron en 1886, hoy reluce digna y rejuvenecida ante el paisaje nortino de Freirina en la Comuna de Huasco.

Revista BIOMA 2021

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