Tal ves uno de los más ricos ecosistemas de Chile, tanto por la presencia de flora como la de fauna, especialmente de avifauna e ictiofauna son los humedales, por ello viajamos por la carretera 5 norte, para dar un vistazo a dos humedales que conforman esta red de vida silvestre costera.

Son 4300 kilómetros de costa con un ancho promedio de 180 kilómetros, es Chile en números, por tanto, en ese rango se dan como sea los mejores ingredientes en esta geografía para la formación de diversos ecosistemas, ya sea por patrones climáticos o simplemente por diferencias altitudinales o latitudinales, por ello cada humedal tiene características únicas, que aunque a simple vista puedan parecer sólo “lagunas de patos” claro está que son mucho más que eso. Es así como en nuestro país se reconocen importantes puntos de vida o hot-spot de biodiversidad en una lista no menor.

Los humedales son ecosistemas acuáticos, que son cuna y paradero de una gran diversidad de vida, especialmente las del reino de las aves que son la más vistosas y llamativas de estos albergues naturales. Existen varios tipos de humedales que se generan de acuerdo a la geomorfología del terreno u otros factores bioclimáticos, por ejemplo se pueden encontrar en estuarios, marismas, lagunas costeras, etc. sin mencionar los que son de tipo cordillerano como los salares, las lagunas salobres, los bofedales altiplánicos, las vegas cordilleranas o cómo las delicadas turberas en la zona austral.

En nuestra primera parada y ante una bella vista de la costa, descargamos nuestras cámaras en el humedal de la desembocadura del río Quilimarí, enmarcado por tres puentes de gran altura, uno de ellos en desuso y que aún se mantiene en pie, que perteneció a la red ferroviaria costera.

El humedal de Quilimarí, como todos los demás, es un sumidero de gases de efecto invernadero además de ser refugio de vida silvestre para aves nidificantes y migratorias.

Bajamos por la ladera de la carretera, ya que esta parte de la ruta esta varios metros por sobre el nivel del mar y del río que alimenta el humedal, de ahí la presencia de estos altos puentes. A la distancia se ve una laguna apacible y para nada pequeña, lo primero que destaca son las carreras sobre el agua de las Taguas comunes (Fulica armillata) que se persiguen frenéticamente, sólo esta agitada costumbre rompe el silencio de estos hábitats acuíferos.

Al bajar notamos la fuerte presencia del viento marino, que hace un importante aporte al desplazamiento de los sistemas dunares, que cada vez ganan más espacio. Aquí hubo un Plan de Protección Ambiental ejecutado o FPA pero ya se ve que comienza su deterioro por falta de mantención, hay miradores y senderos. Casi en el medio de la laguna una pareja de Cisnes de cuello negro (Cygnus melancorypus) buscan algas para alimentarse, un humedal si bien es un gran escenario para la fotografía de fauna, no es nada fácil y eso por un lado práctico es muy bueno, las aves deben temerle al humano invasor, el grado de tolerancia a la presencia humana las ayuda a mantenerse siempre en estado de alerta, hoy también el peligro de los perros asilvestrados, causa humana, a generado un grave daño a los hábitos de comportamiento de muchas aves, además claro está de cruentas escenas de caza por parte de estos perros.

Por ello una bandada de Playeros de Baird (Calidris bairdii) emprenden el vuelo a detectar la presencia de la cámara incluso con camuflaje*.

Mientras nos alejamos, los Perritos (Himantopus melanurus) caminan con sus zancudas patas por las aguas más someras del lago del Humedal de Qulimarí.

Continuamos nuestra ruta hacia el norte, y varios kilómetros más allá pasamos por la Laguna Conchalí otro humedal y sitio Ramsar protegido lamentablemente por una Minera, motivo por el cual continuamos nuestra búsqueda para llegar hasta el Humedal de caleta Chigualoco, en este sitio convergen además del humedal una playa y una caleta de pescadores, pero la particularidad de este Humedal es que fueron los mismos pescadores quienes han protegido este mini santuario natural de aves, a igual que Quilimarí este humedal no tienen salida al mar, salvo en situaciones de mareas muy altas en que se producen intercambio de aguas.

El ecotipo de Chigualoco como humedal costero es de un grado de volumen mucho menor que el anterior y más a la vista de la carretera 5 norte, no obstante parece albergar muchas más especies que Quilimarí, hay un patrón que desconocemos que rige en las aves que prefieren o se congregan más o menos en distintos humedales, será por factor alimenticio o por que cada humedal reúne las mejores características biológicas para cada especie.

Nuestro país contiene casi todos los tipos de humedales clasificados por Ramsar, a excepción  de los arrecifes de coral, la tundra y los relieves kársticos que acá no existen.

Aquí predominan las Taguas comunes (Fulica armillata) y en una chance imperdible vimos volar a una Tagua, en el lado más profundo entre la espesura de totoras una familia de Taguas de frente roja (Fulica rufifrons) y un solitario Pidén (Pardirallus sanguinolentus), más allá a la distancia, un grupo de Patos colorados (Anas cyanoptera) y otros que comparten la orilla con Perritos (Himantopus melanurus) son los Patos Jergón grande (Anas georgica).

La contemplación, la observación paciente son la clave para la fotografía, pero más importante que eso, mucho más importante, es la reflexión, es más que una buena fotografía, es más que agua, es más que pájaros nadando… es vida, en su más pura y profunda expresión, es un planeta vivo que tenemos que cuidar.

Revista BIOMA 

2019

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HUMEDALES DE RÍO QUILIMARÍ Y CHIGUALOCO

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