CHILOÉ NATURAL, closeup de vida

!Aire! ¡más luz, una planicie verde
y un horizonte azul que la limite,
sombra para llorar cuando recuerde,
cielo para creer cuando medite!

 Manuel Gutierrez Najera

 

Cuentan todas las leyendas del mundo, que la naturaleza es una madre y por lo mismo eso nos convierte en parte de un todo, en un elemento más de esta intrincada red de vida, una tela que se extiende por cada rincón visible y no visible para nosotros en el planeta.

En este contexto mágico, Chiloé es uno de nuestros paisajes favoritos en esta gran tela de vida, con grandes extensiones de bosques siempreverdes que aun subsisten entre campos de siembra e irónicamente bellas praderas deforestadas con iglesias centenarias que se yerguen en el horizonte, obviamente el legado patrimonial, las historias de colonización y la industria agrícola le restaron espacio al lado salvaje de Chiloé.

Es más, ciertamente Charles Darwin cuando visito la isla grande de Chiloé en 1834, nunca imagino como el paisaje lo iríamos modificando, no obstante, es necesario indicar que hay bastante riqueza natural, basta con observar un poco para ver como este hábitat alberga una variopinta diversidad de especies de gran interés, que muchas de ellas también las describió Darwin.

Cada materia orgánica en los sustratos de hojarasca de la biomasa que alimenta las áreas nativas de la isla, son una rica fuente visual para sustraerse en el paisaje, flora y fauna pululan de manera vistosa y colorida, un maravilloso ecosistema para observar en detalle.

Todo está interconectado, una red natural de comunicación viva que palpita mágicamente, donde cada ser o forma de vida cumple un rol, una función sistémica que le permite ser un ingrediente que entrega salud al ambiente, genera energía vital para cada proceso que en lo profundo se sucede y captura carbono para crear más y más oxigeno.

Son muchas las especies de flora y fauna que están presentes no sólo en Chiloé insular, sino que también en todo el territorio nacional, esta es sólo una muestra de la oportunidad vigente que está aún ahí para nosotros para proteger y conservar este gran tesoro.

No tenemos que mirar después las imágenes que quedan tanto en nuestra memoria como en las tarjetas de las cámaras, como un recuerdo de un lugar visitado y posteriormente publicado en redes sociales, la naturaleza no es un amor de verano, debemos considerarla como un amor eterno que hay que respetar, cuidar y mantener vivo para nosotros y las generaciones futuras.

Revista BIOMA 

2022

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