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TRICAO, el aviario más grande de Sudamérica

En la zona central de Chile, específicamente en la comuna de Santo Domingo, se erige un proyecto que parece extraído de una novela de ciencia ficción o de una utopía naturalista. El Aviario del Parque Tricao no solo es el más grande de Sudamérica, sino que se ha consolidado como un referente mundial en arquitectura de conservación, ofreciendo una experiencia de inmersión total en la naturaleza.

Un Hito Arquitectónico y Ecológico

La escala de este proyecto es difícil de dimensionar hasta que se está frente a él. La estructura principal consiste en una malla de acero inoxidable casi imperceptible desde la distancia, sostenida por mástiles gigantescos que permiten una libertad de vuelo sin precedentes en el continente.

  • Superficie: Aproximadamente 22.000 metros cuadrados (más de dos hectáreas).

  • Altura máxima: Supera los 30 metros, lo que permite que árboles de gran tamaño crezcan en su interior, formando un dosel forestal real.

  • Ingeniería: El diseño permite que los elementos naturales (viento, lluvia y luz solar) penetren el recinto, manteniendo el ciclo hidrológico y térmico necesario para la salud de las especies.

La Experiencia del Recorrido: De las Sombras a las Alturas

El diseño del aviario está pensado para que el visitante no sea un simple espectador, sino un intruso silencioso en un ecosistema vibrante. El trayecto se divide en niveles que ofrecen perspectivas únicas:

1. El Sotobosque y las Cascadas

Al ingresar, el visitante camina por senderos a ras de suelo, rodeado de una vegetación exuberante y el sonido constante de caídas de agua artificiales que ayudan a mantener la humedad. Aquí es común ver al Faisán Dorado o al Pavo Real exhibiendo sus colores entre los helechos.

2. Los Puentes Colgantes

A medida que se avanza, el sendero se eleva. Los puentes colgantes permiten situarse a la altura de las copas de los árboles. Es en este nivel donde ocurre la magia: cientos de aves cruzan a toda velocidad a pocos metros de las personas. La sensación de encierro desaparece gracias a la altura de la malla, que a menudo se pierde de vista contra el azul del cielo.

3. El Mirador de los Loris

Uno de los puntos más interactivos es el sector de las psitácidas (loros, cacatúas y loris). Estas aves, conocidas por su inteligencia y curiosidad, suelen acercarse a los visitantes, ofreciendo oportunidades fotográficas únicas y un contacto cercano que educa sobre la complejidad de su comportamiento social.

 

Un Mosaico de Biodiversidad Global

El aviario alberga a más de 800 individuos de 50 especies distintas, muchas de ellas exóticas y de una belleza sobrecogedora. Entre las estrellas del recinto destacan:

  • El Turaco de Guinea: Con su distintivo color verde y crestas elegantes, es una de las joyas africanas del parque.

  • El Pato Mandarín: Considerado por muchos la especie de pato más bella del mundo, con un plumaje que parece pintado a mano.

  • Cacatúas de Moño Amarillo: Aportan el componente ruidoso y social al ambiente, interactuando constantemente entre ellas.

  • Faisán de Lady Amherst: Una especie que destaca por su larga cola blanca y negra y sus contrastes metálicos.

Más que Belleza: Conservación y Educación

El Parque Tricao, gestionado por la Fundación Tricao, tiene un propósito que trasciende lo estético. El aviario cumple funciones críticas:

  1. Educación Ambiental: Miles de escolares y turistas aprenden sobre la importancia de la conservación y el peligro del tráfico de especies.

  2. Bienestar Animal: Al contar con un espacio tan vasto, las aves pueden ejercer su musculatura de vuelo, formar parejas y anidar de manera natural, algo imposible en jaulas tradicionales.

  3. Rescate: Parte de los ejemplares provienen de decomisos o entregas voluntarias de personas que los tenían como mascotas en condiciones precarias.

Impacto en el Turismo Nacional

La creación de este espacio ha transformado a Santo Domingo y a la Región de Valparaíso en un polo de turismo sustentable. El Parque Tricao no solo ofrece el aviario, sino también un jardín botánico, circuitos de trekking, kayak y un humedal que sirve de refugio a especies nativas chilenas como el Cisne de Cuello Negro.

Es, en definitiva, un testimonio de cómo la intervención humana puede crear espacios de belleza y respeto por la vida silvestre, recordándonos que el asombro es el primer paso para la protección de nuestro planeta.

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