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EL UNIVERSO MICOBIÓTICO

Creemos a ciencia cierta conocer todo cuanto nos rodea, no obstante, el planeta está atestado de misterios, muchos de ellos sin resolver aún y para hacer las cosas difíciles, nos encontramos a menudo por ejemplo con comportamientos climáticos impredecibles que se desmarcan de los parámetros establecidos o formaciones geológicas que simplemente escapan de nuestra comprensión y que incluso en ocasiones traspasan su propia naturaleza, así muchos expertos en cada una de las disciplinas que los estudian, dedican prácticamente toda su vida en entender el porqué o los cómo de estos fenómenos, llegando a responder a pesar de eso, sólo una parte del gran enjambre de preguntas que genera este planeta que llamamos hogar.

En este escenario de misterios con los que coexistimos, encontramos verdaderos macrouniversos con azarosas manifestaciones biológicas que también desafían hasta los más entendidos. El reino vegetal por ejemplo, aquel que pone el contrapeso a la balanza de la vida, es evidente que sin él nosotros no podríamos existir, es simbiosis, es como una ecuación matemática donde cada numero conforma un todo.

En este universo enigmático de especies, formas, colores, texturas y hábitats nos enfrentamos con uno de los reinos naturales que por siglos inspiraron historias de duendes, gnomos, hadas y seres diminutos que convivían con criaturas faunísticas que van más allá de la razón, un micromundo onírico que se desenvuelve inevitablemente mágico para nuestra imaginación, es el Reino Fungi.

56.000 especies, es un número grande, ¿verdad? Y si decimos que podría ser un número aún mayor?, ya no hablamos de una galaxia Fungi, hablamos de un “Universo Micológico”, así es, podrían ser más de cincuenta y seis mil especies fúngicas reconocidas con las más infinitas estructuras que emergen de casi todo tipo de sustratos, desarrollándose como entidades con un propósito efímero pero efectivo, que es colonizar por medio de la función propagativa.

Según cita el libro Hongos de Chile de Waldo Lazo “Los hongos constituyen un amplio y fascinante reino de organismos eucariotes, carentes de plástidos, con nutrición absortiva (osmotrópica) cuyas paredes celulares contienen quitina y betaglucanos, con reproducción sexual y asexual, saprobios, mutualistas o parásitos”.

Si bien esta es una descripción netamente científica, es la manera correcta de entender su origen, desde los hongos comestibles y no comestibles hasta los tóxicos y los simplemente letales. Sin embargo, el creer que los conocemos y que prácticamente todos hemos visto hongos o setas (callampas) en la naturaleza, es en parte estar equivocados, porque en realidad lo que vemos no son más que fructificaciones definidas como Carpóforos, por tanto lo que vemos no son los “hongos” en realidad.

En palabras más simples los “hongos” tienen una parte que es perenne y que es la que se encuentra en varios tipos de sustrato como el de los suelos o los troncos de los árboles (vivos o muertos) porque ahí están los nutrientes, esta parte escondida que no vemos se llama Hifa* y Micelio, del Micelio emerge una parte que es perecedera, es decir que se seca en un corto plazo a la que llamamos “fructificación fúngica”, estos cuerpos fructíferos son clasificados en dos tipos; Ascomas y Basidiomas.

Estas dos divisiones se suceden sólo por propósitos reproductivos. Es decir, los hongos que se reproducen mediante ascosporas que se contienen en “saquitos” llamados ascos pertenecen al reino Fungi de los Ascomycotas y los hongos que se reproducen mediante basidiosporas que son estructuras llamadas basidios, pertenecen a la división del reino Fungi llamado Basidiomycota.

Si hablamos de distribución geográfica, es complejo, pero desde la zona centro norte de nuestro país hasta los australes territorios continentales e insulares, la existencia de los hongos está ciertamente supeditada a las precipitaciones pluviales y las temperaturas de los sustratos que los acogen, además es sabido que el reino fungi gusta de la humedad y los rincones sombríos con abundante materia orgánica que esté en proceso de biodegradación, porque no necesitan del Sol y su energía para sobrevivir, no obstante también estos ambientes con exceso de humedad (altos niveles pluviométricos) los perjudican, por tanto no hay cómo decir cuantos ni donde crecen.

Estos organismos no producen su propio alimento, es decir son denominados como heterótrofos, pero cuando hablamos de Hongos, no son sólo lo hacemos sobre los con forma de “casita de duendes” como lo han caricaturizado por décadas, los hongos son en sí son una gran “familia multiforme y cambiante” que tiene una clasificación determinada de la siguiente manera:

Hongos Unicelulares, como el de la levadura (Saccharomyces cerevisiae) y los Hongos Pluricelulares, aquí entran los hongos de los que hemos estado platicando, los Ascomas y Basidiomas es decir, el grupo de las Setas o Callampas y que crecen normalmente en las estaciones otoñales.

Y en esta familia, también tenemos ovejas negras, como citamos antes, los hongos también se clasifican por su comportamiento alimenticio, los “parásitos” como bien lo describe su nombre son aquellos que se dan banquetes a cuenta de otros, es decir que “hurtan” los nutrientes que otros tienen consumiéndolos incluso desde el interior hacia afuera, ya sean especies vegetales o microfauna, es el caso del hongo Ophiocordyceps sp. o “mata hormigas” u otros como los del genero Cordyceps que pueden fructificar en otros insectos además de las hormigas.   

Otro grupo definitivamente más benigno, son los denominados mutualistas o Simbiontes, que se “asocian” con otros organismos dando y recibiendo beneficios, a esta sociedad simbiótica se le puede denominar como Micorrizas, que es la relación hongo-planta, uno aporta nutrientes del suelo y el otro aporta con la fotosíntesis… todo un arte de la naturaleza, sin este convenio colaborativo las plantas no hubiesen podido colonizar la tierra hace más de quinientos millones de años.

Sin ir más lejos los humanos en nuestra microbiota intestinal compartimos beneficios mutuos con células fúngicas que nos protegen de algunas enfermedades, mientras que nosotros a cambio, le damos asilo a estos hongos con un hábitat paradisiaco.

En este universo micológico, que fue como titulamos este reportaje, nos encontramos también con el grupo de hongos Saprobiontes o saprobios como citamos antes, estos hogos se manifiestan con cuerpos fructíferos muy variados y son los que se alimentan de la materia orgánica muerta, queda claro entonces que los hongos saprobiontes son una pieza clave en los ecosistemas, sí porque son ellos quienes ayudan a la biodegradación de la materia orgánica, como la celulosa, la lignina y la keratina.

En todos los escenarios y salpicados por la luz tenue de un sol que no es parte su esencial forma de vida, los hongos contribuyen directa o indirectamente a sostener el equilibrio de los biomas donde se desarrollan, desde nuestro interior hasta los remotos bosques lluviosos australes, el reino fungi toma su cetro de rey para decirnos que prestemos más atención a su rol ecológico, ya que todos juntos forman un universo micológico que nos rodea y encanta con o sin duendes.

       

 

 

*Filamento microscópico


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