LOS BOSQUES,

un mundo verde, en un mundo azul

Los paisajes en el planeta tienen tal diversidad geoclimática, que lo más probable es que no hay manera de decir que los hemos visto todos, a pesar de que hayamos visto muchos en documentales o tenido la suerte de visitar una gran cantidad de ellos, es más, nunca son los mismos, estos mutan a diario, e incluso renuevan sus colores a medida que el Sol, la lluvia, el aire y la biología se mueven, palpitando y sobretodo ¡viviendo!

Los bosques son un universo con su propia energía natural, conectados entre sí y con la tierra, guardando aún muchos secretos para nosotros, no son simplemente árboles complemento escénico de un paisaje hermoso o sobrecogedor, son y como muchos saben los pulmones del planeta, pero además son los encargados de sostener el ciclo del agua, conservar los suelos, fijar el carbono, ciertamente son mucho más que su rol obvio y tan vital, de ahí la importancia de su existencia.

Los bosques son generadores de vida, un árbol si se pudiera hacer una alegoría, son en sí como un planeta, con sus lunas, su atmósfera y clima, con su geografía y por que no decirlo con su propia civilización, son una amalgama de elementos con funciones vitales que permiten que no sólo un ecosistema se sostenga, sino que de ellos dependen una basta lista de contenido biológico en todas sus formas y orígenes.

En la actualidad los bosques y selvas de una u otra manera están bajo amenaza, incluso los que están protegidos celosamente tanto por gobiernos como por organizaciones conservacionistas privadas, sí, por que quieran o no están insertos en medios hostiles, como grandes urbes generadoras de gases de invernadero, campos de cultivo o pastoreo industrial, carreteras, sobre explotación forestal, minería, etc. independiente de su ubicación, los elementos contaminantes ya no se miden en distancia física, llegan y afectan de una forma u otra a los sitios más remotos del planeta de igual manera.

La verdad que es una lista larga de amenazas, de las cuales ninguna va en retroceso, por el contrario, van en franco avance incluso sobre argumentos de advertencia y/o alerta bien fundados y dichos reiteradamente, presentados una y otra vez por organismos o individuos abanderados y comprometidos con la misión de proteger los bosques y los mares a nivel global.

Chile no es la excepción, al contrario, es un verdadero exhibidor de diversidad biológica en lo que a bosques se refiere, al poseer una climatología variada influenciada por distintos aspectos como diferentes presiones atmosféricas, corrientes oceánicas, alturas cordilleranas, cuencas con cuerpos de agua interiores, ríos, etc. estos elementos influyentes hacen las veces de indicadores de salud ambiental, ya que de ahí se pueden recoger datos y todos los aspectos biológicos de su estado de salud, ya sea del desierto más seco del mundo, pasando por bosques esclerófilos del semiárido del norte chico, o por bosques siempre verdes húmedos de la zona centro sur, o los bosques lluviosos tipo valdiviano, hasta los bosques subantárticos más australes del planeta. En resumen es un gran muestrario de vida, en su forma y aspecto diverso del reino de la flora.   

El verde de los bosques representa un 30% de la superficie total en el mundo (4000 millones de hectáreas aproximadamente) y particularmente en Chile este mismo verde representa un 22,9% de la superficie total del territorio nacional el cual corresponde a áreas silvestres protegidas (17,3 millones de hectáreas aproximadamente) no obstante, de ese porcentaje global que parece positivo, la verdad es que sólo algo más de 14 millones de hectáreas (18,7%) son bosques nativos, lo demás… plantaciones forestales (2,96 millones de hectáreas), que a pesar de ser menor, van en franco avance exponencial, demandando no sólo terreno nativo prístino, sino que consumiendo desmedidamente los recursos acuíferos locales.

Y claro está, esto afecta directamente al catastro vegetacional del país, a pesar de los esfuerzos de conservación privada y gubernamental, ya que al reducir las bastas zonas de bosques nativos, quedan islas verdes que finalmente sucumben por que pierden su auto sustentabilidad y el equilibrio natural que los mantiene vivos.

Por ejemplo, en este catastro vegetacional y en un orden escalado en porcentaje, las especies y su variedad se van reduciendo, dando paso a la categoría, en muchos casos, de ser nombrados en un futuro no muy lejano como bosques “relictos” así podemos ver que las Lengas en Chile son las más abundantes (3.642.695 hectáreas), dentro de lo poco que queda, luego el bosque siempre verde con toda su variedad de especies (3.514.644 hectáreas), después el coihue de Magallanes (2.003.481 hectáreas), el bosque mixto de Roble, raulí y coihue (1.528.028 hectáreas), finalmente los menos es la palma chilena (15.085 hectáreas) y el ciprés de cordillera (56.459 hectáreas).

En este ápice, hay porcentajes y datos duros de este catastro que indican claramente este descenso en la variedad vegetacional, pero lo más preocupante es que este ausentismo también conlleva a la desaparición otras especies vegetacionales dependientes de estos bosques en particular o la migración/desaparición de avifauna y fauna silvestre que dependían también de estas formaciones.

Un bosque que se extingue o muere, provoca que la biodiversidad que lo habitaba también muera, basta con que un ave, insecto o mamífero busque otro hábitat mejor para continuar sobreviviendo, rompe inmediatamente tanto la cadena alimenticia de la fauna –depredador-presa- como la cadena reproductiva de los mismos árboles, ya que pierden a su principal aspersor de semillas.

Es un escenario el cual debemos profundizar más, enseñar a nuestros hijos la importancia de estos bosques, que no sólo son para dar sombra y cobijar animales, son apéndices de nuestro cuerpo, ellos nos necesitan como nosotros necesitamos de ellos para que el planeta se siga sosteniendo y manteniendo sano, somos los principales responsables del desequilibrio en estas cadenas vitales, somos los responsables directos del daño causado al planeta. Respondamos por nuestras acciones de la única manera que cada individuo puede hacer desde su entorno inmediato, tomando medidas simples y no fomentando a la industria para que siga destruyendo para satisfacernos con cosas que realmente no necesitamos.  


Revista BIOMA

2018

VOLVER 

logotipo propio CONAF 2018 A-01-01.png

© 2018  REVISTA BIOMA, TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now